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Diversas historias para ayudar a la reflexión y reconciliación en el tiempo de la Cuaresma

 HISTORIAS PARA LA REFLEXIÓN Y RECONCILIACIÓN 

   1 - Clavos

   2 - Confesándose con Dios... por medio del sacerdote

   3 - El Amigo del Hijo

   4 - El Contestador Telefónico de Dios

   5 - El Convicto Liberado

   6 - El Hijo más Amado

   7 - El Juez y los Presos

   8 - El Tazón de Madera

   9 - La Batalla y el Confesionario

 10 - La Verdadera Paz

 11 - Oportunidad

 

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Clavos

Esta es la historia de un muchachito que tenia muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.

El primer día, el muchacho clavo 37 clavos detrás de la puerta.
Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.

Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, este le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban mas clavos para retirar de la puerta...

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta.
Le dijo: "has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca mas será la misma. Cada vez que tu pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves."

Tu puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastara, y la cicatriz perdurara para siempre.
Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física.
Los amigos son en verdad una joya rara. Ellos te hacen reír y te animan a que tengas éxito.
Ellos te prestan todo, comparten palabras de elogio y siempre quieren abrirnos sus corazones.

Por favor perdóname si alguna vez deje una cicatriz en tu puerta.

 

 

 

 

 

 

Confesándose con dios... por medio del sacerdote

Una historia sobre la importancia del sacerdote como medio del perdón de Dios en la confesión


Cierto día, en Misa un amigo dirigiéndose a otro le comentaba:

-Me alegra que por fin te hayas decidido a confesarte... y comulgar.

- ¿Confesarme yo?, decía el interpelado. No, no soy tan tonto. Los curas no son necesarios; son hombres como tú y como yo. Lo que hago es confesarme con Dios: le cuento lo que me pasa, le pido perdón y listo.

- Es asombroso -respondió su amigo- lo inteligente que eres. La verdad, es posible que tengas razón y que todos los demás seamos unos imbéciles. Lo que no me cabe en la cabeza es como un hombre de tu inteligencia se queda en la mitad.

- ¿La mitad?. No te entiendo, preguntó a la vez el otro.

- Sí hombre, contestó. Tú has comulgado y te has arrodillado ante el Sagrario. Pues bien, dada tu mente inteligente y abierta lo más lógico sería que fueses al mercado comprases un poco de pan, lo consagrases tú, comulgases, y te guardases el resto en una urna, ¿no? Pero ¿quedarte a medias?...

- Yo no puedo consagrar; ese poder Dios se lo dió sólo a los sacerdotes, y... gracias amigo, me has hecho ver claro. Tengo suerte, aún hay un confesionario.

Agustín Filgueiras

 

 

 

 


El Amigo del Hijo

Era la reunión del domingo por la noche de un grupo apostólico en una parroquia. Después de entonar unas canciones, el sacerdote de la iglesia se dirigió al grupo y presentó a un orador invitado; se trataba de uno de sus amigos de la infancia, ya entrado en años.

Mientras todos lo seguían con la mirada, el anciano ocupó el púlpito y comenzó a contar esta historia:

"Un hombre, su hijo y un amigo de su hijo estaban navegando en un velero a lo largo de la costa del Pacífico, cuando una tormenta les impidió volver a tierra firme. Las olas se encresparon a tal grado que el padre, a pesar de ser un marinero de experiencia, no pudo mantener a flote la embarcación, y las aguas del océano arrastraron a los tres."

Al decir esto, el anciano se detuvo un momento para mirar a dos adolescentes que recién mostraban interés; y continuó su relato:

"El padre logró agarrar una soga, pero luego tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida: Escoger a cuál de los dos muchachos tirarle el otro extremo de la soga. Tuvo sólo escasos segundos para decidirse. El padre sabía que su hijo era un buen cristiano y que el amigo de su hijo no lo era. La agonía de la decisión era mucho más grande que los embates de las olas."

"Miró en dirección a su hijo y gritó: ¡TE QUIERO, HIJO MÍO!; después de gritar, volteó en dirección al amigo y le tiró la soga... En el tiempo que le tomó al muchacho llegar hasta el velero volcado, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad de la noche. Jamás lograron encontrar su cuerpo."

Los dos adolescentes estaban escuchando con suma atención, atentos a las próximas palabras que pronunciara el orador invitado.

"El padre" -continuó el anciano- "sabía que su hijo pasaría la eternidad con Cristo, y no podía soportar que el amigo de su hijo no estuviera preparado para encontrarse con Dios. Por eso sacrificó a su hijo. ¡Cuán grande es el amor de Dios que lo impulsó a hacer lo mismo por nosotros!"

Dicho esto, el anciano volvió a sentarse, y hubo un tenso silencio. Pocos minutos después de concluida la reunión, los dos adolescentes se encontraron con el anciano. Uno de ellos le dijo cortésmente:

"Esa fue una historia muy bonita, pero a mí me cuesta trabajo creer que ese padre haya sacrificado la vida de su hijo con la ilusión de que el otro muchacho algún día decidiera seguir a Cristo."

"Tienes toda la razón", le contestó el anciano mientras miraba su Biblia gastada por el uso. Y mientras sonreía, miró fijamente a los dos jóvenes y les dijo:

"Pero esa historia me ayuda a comprender lo difícil que debió haber sido para Dios entregar a su Hijo por mí. A mí también me costaría trabajo creerlo si no fuera porque el amigo de ese muchacho que fue devorado por las aguas era yo."


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El Contestador Telefónico de Dios

¿Que sucedería si Jesús decidiera instalar un contestador telefónico automático en el cielo?

Imagínate a ti mismo orando y escuchando el siguiente mensaje:

"Gracias por llamar a la Casa de mi Padre...
Por favor seleccione una de las siguientes opciones:
Para "peticiones", presione 1
Para "acciones de gracias", presione 2
Para "quejas", presione 3
Para "otros" presione 4

Imagínate que Dios usara la excusa tan conocida...
"De momento todos nuestros ángeles están ocupados, atendiendo a otros feligreses. Por favor manténgase orando en la línea y su llamada será atendida en el orden que fue recibida.

¿Te imaginas obteniendo este tipo de respuestas cuando llames a Dios en tu oración?

Si desea hablar con Pedro, presione 5;
con el Arcángel Miguel, presione 6;
con cualquier otro ángel, presione 7;
si desea que el Rey David le cante un salmo, presione 8;
si desea hacer reservaciones para la casa del Padre; simplemente presione: J U A N, seguido de los números 3, 1, 6;
si desea obtener respuestas a preguntas sobre los dinosaurios, la edad de la Tierra, OVNIs, donde está el Arca de Noé, por favor espere a llegar al Cielo.

¿Te imaginas lo siguiente en tu oración?

"Nuestro sistema señala que ya llamó antes el día de hoy, por favor cuelgue inmediatamente y despeje la línea para otros que quieren orar también"

O bien:
"Nuestras oficinas estarán cerradas el fin de semana, por Semana Santa; por favor vuelva a llamar el lunes."

GRACIAS A DIOS que esto no sucede...
GRACIAS A DIOS que le puedes llamar en oración cuantas veces lo necesites...
GRACIAS A DIOS que a la primera llamada ÉL siempre te contesta...
GRACIAS A DIOS porque en JESÚS y con JESÚS nunca estará la línea ocupada...
GRACIAS A DIOS que ÉL nos responde personalmente y nos conoce por nuestro nombre...
GRACIAS A DIOS que ÉL conoce nuestras necesidades antes de que se las manifestemos...
GRACIAS A DIOS porque de nosotros depende llamarle en ORACIÓN...

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El Convicto Liberado

Una historia que nos enseña a reconocernos pecadores


Cada año, con motivo del aniversario de su coronación, el rey de un pequeño condado liberaba a un prisionero. Cuando cumplió 25 años como monarca, él mismo quiso ir a la prisión acompañado de su Primer Ministro y toda la corte para decidir cuál prisionero iba a liberar.

-"Majestad", dijo el primero, "yo soy inocente pues un enemigo me acusó falsamente y por eso estoy en la cárcel".

-"A mí", añadió otro, "me confundieron con un asesino pero yo jamás he matado a nadie".

-"El juez me condenó injustamente", dijo un tercero.

Y así, todos y cada uno manifestaba al rey porque razones merecían precisamente la gracia de ser liberados.
Había un hombre en un rincón que no se acercaba y que permanecía callado y algo distraído. Entonces, el rey le preguntó: "Tu, ¿Por qué estás aquí?

-El hombre contestó: "Porque maté a un hombre majestad, yo soy un asesino".

-"¿Y por qué lo mataste?", inquirió el monarca.

-"Porque estaba muy violento en esos momentos", contestó el recluso.

-"¿Y por qué te violentaste?", continuó el rey.

-"Porque no tengo dominio sobre mi enojo".

Pasó un momento de silencio mientras el rey decidía a quien liberaría. Entonces tomó el cetro y dijo al asesino que acaba de interrogar: "Tú sales de la cárcel".

-"Pero majestad", replicó el Primer Ministro, "¿Acaso no parecen más justos cualquiera de los otros?"

-"Precisamente por eso", respondió el rey, "saco a este malvado de la cárcel para que no eche a perder a todos los demás que parecen tan buenos".

El único pecado que no puede ser perdonado es el que no reconocemos. Es necesario confesar que somos pecadores y no tan buenos como muchas veces creemos ser o tratamos de aparentar.

 

 

 

 

 

 

El Hijo más Amado

Cierto día un celebre periodista consiguió una entrevista con Dios Padre.

Lo primero que le llamó la atención es lo joven que era el Creador. De Viejecito con barbas como este periodista lo imaginó, Dios no tenía nada. Nada de nada. Era la plenitud de la juventud.

Durante la conversación el periodista preguntó.

-"Señor ¿A qué seres humanos quieres más?."

Dios sonrió y le guiñó un ojo a su Hijo Jesús que estaba sentado justo a su derecha. Padre e Hijo se veían iguales. Miró al periodista y le dijo al periodista.

- "A ver si adivinas".

El periodista le contestó: -"Pues... Imagino que a las personas que entregan su vida al servicio de los demás, como la Madre Teresa o el Santo Maximiliano Kolbe.

-"Sí, sí los quiero mucho. Pero no son a quien quiero más".

El periodista fue nombrando todas las personas que se dedican al servicio de Dios en sus hermanos. Y empezó con los que buscan a Dios en la oración.

-"Ya sé, Señor: las monjas y los sacerdotes".

-"También, también los quiero pero no son a quien quiero más".

-"Ya sé, los niños inocentes, los humildes que creen en Ti".

-"Sí los quiero, pero no son los que quiero más".

-"Pues ya no queda nadie, Señor".

-"Sí quedan." respondió Dios. -"Los que dicen que yo no existo... ¡pobres mis hijos! Creo que les gustaría que fuese cierto... Los que me insultan, blasfemando contra Mí;
los que quebrantan mis leyes y dicen que tienen el poder de cambiarlas; los impíos y pecadores empedernidos. Definitivamente, esos son los hijos a los que quiero más".

-"¡Ateos! ¡No puede ser! Señor, me estás tomando el pelo ¿Cómo vas a amar tu negación?"

-"No. No amo su ateísmo. Los amo a ellos porque están ciegos y no me ven. Yo los cuido sin que se den cuenta y me alegra mucho cuando alguno de ellos me descubre a su lado. Si tuvieses un hijo ciego. ¿No lo amarías igual?. Ellos son mis hijos aunque estén ciegos".

- "Sin embargo, Señor", prosiguió el periodista, "A mí me enseñaron que los ateos se iban todos al infierno. Serán tus hijos más queridos pero Tú los mandas al infierno".

Dios, sonriente, le contestó - "Yo no mando a nadie al infierno. Eso no es cierto. Al infierno va quien lo escoge con su vida. Yo os hice libres".

El periodista lo miraba medio incédulo todavía y le dijo: "Ya, ya ¿Pero los ateos van o no van al cielo?

- "Bueno. Tengo mis trucos. A veces les doy unos fogonazos de gracia tan fuertes que no les queda más remedio que ceder ante mi gracia. Otras veces mi Hijo es el que interviene. Como ha hecho unos arreglos en sus 'papeles' y como Él ha comprado un pedazo de cielo para cada ser humano pues todo queda arreglado".

-"¿Qué papeles, Señor?"

-"Pues cuando un es hombre bueno pero no reconoce mi existencia... Para Mi lo importante es la Verdad. Si un hombre se consagra a su búsqueda, yo lo premio. Como si me buscase a mi. Porque Yo soy la Verdad. Lo mismo con el que busca la belleza".

En esto, Jesús sonrió a su Padre y le dijo - "Abbá, la Verdad soy Yo, Tú y Yo, Tu Hijo". De la Nube que cubría el Trono celestial salió Una Voz que era la mismavoz del Hijo y del Padre que dijo "Y Yo". Los Tres somos la misma cosa, Dios.

-"Has visto a mi familia", dijo el Padre y prosiguió "Si un hombre busca la Verdad, me está buscando a Mí, lo mismo si busca la Justicia".

-"¿Y que pasa Señor si cree en Ti, pero maltrata a los demás y no cumple tus leyes?

-"También intento curarlo. Son más de los hijos que más quiero. Pero no se cree en Mí ni se me adora sólo por rezar ante un altar o por seguir los ritos de una religión. Eso a veces es una idolatría. Hay muchos que me han convertido en un ídolo.
Quien no ama a su hermano, no me ama a Mi".

El periodista pidió la bendición de Dios y abandonó el Cielo, mejor dicho, despertó de su sueño.

 

 

 

 

 

 

El Juez y los Presos

Un juez iba a liberar a un preso de la cárcel, por lo que hizo pasar a uno por uno a una "entrevista" con él para ver quien merecía ser liberado.

Al preguntar al primero la razón de su encarcelamiento, éste le dijo:

-"Estoy aquí porque me calumniaron y me acusaron injustamente".

Llamó al segundo y éste contestó:

-"Estoy aquí porque dicen que robé, pero es mentira".

De esta forma fueron pasando todos los presos y se declaraban inocentes. Hasta que llegó el último que dijo:

-"Estoy aquí porque maté un hombre. Hirió a mi familia y perdí el control. Por eso lo maté. Hoy me doy cuenta que hice mal y estoy muy arrepentido".

El juez se levantó y dijo:

-"Voy a liberar a este último preso".

Todos se quedaron perplejos y dijeron:

-"Pero, por qué lo vas liberar a él?"

El juez contestó:

-"El castigo es para los que esconden sus faltas. La misericordia para los que las reconocen y se arrepienten".

No escondamos nuestras faltas delante de Dios, no tiene caso, aceptemos nuestros errores y tratemos de mejorar cada día, tratando de mejorar aquello en lo que hemos fallado. De esta forma podremos aspirar a la misericordia del "juez".

 

 

 

 

 

 

El Tazón de Madera

El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban. La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían que alimentarse fuera un asunto difícil. Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel.

El hijo y su esposa se cansaron de la situación. "Tenemos que hacer algo con el abuelo", dijo el hijo. "Ya he tenido suficiente. Derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo".

Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera. De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado solo.
Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.

El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo. Se le acercó y le preguntó dulcemente: -"¿Qué estás haciendo?" Con la misma dulzura el niño le contestó: "Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos." Sonrió y siguió con su tarea. Las palabras del pequeño golpearon a su padre de tal forma que quedó sin habla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas. El padre contó lo sucedido a su esposa y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.

Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben. Si ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas. Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de su hijo. Seamos constructores sabios y modelos a seguir. La gente olvidará lo que dijiste y lo que hiciste, pero nunca cómo los hiciste sentir.

He aprendido que puedes decir mucho de una persona por la forma en que maneja tres cosas: un día lluvioso, el equipaje perdido y las luces del arbolito enredadas. He aprendido que independientemente de la relación que tengas con tus padres, los vas a extrañar cuando ya no estén contigo. He aprendido que aún cuando me duela, no debo estar solo. He aprendido que aún tengo mucho que aprender y que deberíamos pasar esto a todos los que nos importan. Yo acabo de hacerlo.

 

 

 

 

 

 

La Batalla y el Confesionario

La batalla había sido dura. El enemigo habia usado toda su artillería. El joven soldado se miraba una y otra vez. Su uniforme parecía más el traje de gala de un príncipe cuando salió de su cuartel y ahora no era más que un montón de harapos. Su cuerpo estaba todo magullado y lleno de heridas. Apenas podía mover las piernas. De los dos brazos sólo conservaba uno y el otro era un muñón, sus ojos estaban también muy mal...

Y lo peor era que había luchado para nada. Sí, para nada. Porque había sido el enemigo quien se había alzado con la victoria.

Poco le importaba a él; que hubiese sido sólo una batalla. Y que la guerra seguramente la ganasen los suyos. Porque para él, para el joven soldado todo estaba perdido.

Él era un inútil. No. No volvería a presentarse ante su Capitán. ¿Con qué rostro? Había deshecho la confianza que había puesto en él. Había perdido. Y eso es algo que un soldado no puede darse el lujo de hacer.

Se abandonaría hasta morir en el campo. Sí, eso sería lo mejor... mejor que acudir como un derrotado. ¿Y quién sabe a lo mejor, al llegar derrotado podrían castigarlo? Al fin y al cabo la misión de un soldado es ganar todas las batallas, no perderlas.

Una voz amiga vino a sacarlo de su ensimismamiento. Su compañero de luchas lo tomó con cuidado y con ayuda de otros lo pusieron en una camilla. Luego el amigo le dijo: "Tiene que verte el Capitán, se va alegrar mucho cuando te vea, además se va encargar de correr con los gastos de tu curación. Seguro que hasta te da una medalla". El soldado no podía creer lo que el amigo le decía e insistía en contar que había perdido la batalla. Su amigo fue tan insistente y tan convincente además, que no le quedo más remedio que cedern y acceder a ver al Capitán.

Al día siguiente, recibía la visita esperada en el hospital. Éste,al verlo, corrió y lo abrazó con fuerza, con cuidado de no lastimarlo, pasando por alto los rigores de la disciplina militar. "Es Usted un gran héroe, querido amigo. Voy a proponerlo para la medalla al mérito militar. Usted ha defendido su posición con uñas y dientes. Ahora ganó el enemigo, pero no se preocupe porque la victoria final es nuestra. Olvídese de sus heridas. Sanarán. Siento mucho lo de su brazo... le pondremos uno ortopédico. No podrá volver al mismo puesto pero estará en la retaguardia conmigo dirigiendo las escaramuzas. Si no hubiera luchado, entonces sería un desertor, pero luchó hasta el final.
El soldado apenas podía decir palabra. La emoción no se lo permitía.

Han pasado meses y el joven soldado está ya completamente restablecido. Ahora trabaja en las oficinas del cuartel dirigiendo al lado de su Capitán.(Que lo ha ascendido de grado).
Ha aprendido: No importa recibir heridas del enemigo. No importa, incluso, perder batallas. Loo realmente grave y lo que nunca debe hacerse es dejarse morir en el campo de batalla. Lo más grave es no luchar.

Llevado a nuestro campo. Dios ya sabe que podemos ser heridos en nuestra lucha contra el pecado. Lo sabe y no Le importa. Lo que quiere es que luchemos. Si somos heridos en la tentación ya su Hijo dejó un Hospital de Campaña, en el que nos curan y llenan de medallas. A ese hospital las personas suelen llamarlo "Confesionario".

Autora: Maite Parga



 

 

 

 

 

 

La Verdadera Paz

Una historia que nos enseña la importancia de nuestra paz interior


Había una vez, un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron y el rey observó y admiró todas las pinturas que le presentaron pero solamente hubieron dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos aquellos que miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacifico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado placidamente un pajarito en el medio de su nido...
Paz perfecta... ¿Cual crees que fue la pintura ganadora?

El Rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué?

"Porque," explicaba el Rey, "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.

 

 

 

 

 

Oportunidad

Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente camino a mi trabajo todos los días, de llegar a la casa y mi esposa servir lo mismo de comida para cenar, la cual no me gustó mucho que digamos y tengo que comer la comida que no me gusta. Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja por que quiere jugar conmigo, no entiende que estoy cansado y quiero entrar al baño. Después, tomo mi revista para leerla placidamente en mi sillón y mi hija nuevamente quiere jugar y que la arrulle entre mis brazos, yo quiero leer mi revista y sale mi esposa con su:

- ¿que tal me veo?, me arreglé para ti
- le digo que bien sin despegar mis ojos de mi revista.

Para variar, se enoja conmigo por que dice que no la comprendo y que nunca la escucho, no se por que se enoja si le pongo toda mi atención, es más, aún viendo la TV. Le pongo atención, bueno, siempre y cuando haya malos comerciales, a veces quisiera estar solo y no escuchar nada, yo solo quiero descansar; suficientes problemas tengo en el trabajo para escuchar los de mi casa. Mis Padres también me incomodan algunas veces y entre clientes, esposa, hija, padres, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueño, al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos. Es por eso que solo deseo mi tiempo de descanso.

- Hola, vengo por ti.
- ¿Quién eres tú?, ¿Como entraste?
- Me manda Dios por ti, dice que escuchó tus quejas y tienes razón, es hora de descansar.
- Eso no es posible, para eso tendría que estar ......
- Así es, si lo estas, ya no te preocuparas por ver a la misma gente, ni por caminar, ni de aguantar a tu esposa con sus guisos, ni a tu pequeña hija que te moleste, es mas, jamás escucharás los consejos de tu Padres.
- Pero... ¿que va a pasar con todo? ¿con mi trabajo?
- No te preocupes, en tu empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto y por cierto, está muy feliz por que no tenia trabajo.
- ¿Y mi esposa¿ ¿y mi bebé?
- A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus cualidades que tú nunca observaste en ella y acepta con gusto todos sus guisos sin reclamarle nada, por que gracias a Dios y a ella, tiene algo que llevarse a la boca todos los días a diferencia de otras persona que no tienen nada que comer y pasan hambre hasta por meses y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera suya y por muy cansado que siempre llegue del trabajo, le dedica tiempo para jugar con ella, son muy felices.
- No, no puedo estar muerto.
- Lo siento, la decisión ya fue tomada.
- Pero... eso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi bebe, ni a decirle Te amo a mi esposa, ya no veré a mis amigos para decirles lo mucho que los aprecio, ni darle un brazo a mis padres, ya no volveré a vivir, ya no existiré mas, me enterraran en el
panteón y ahí se quedara mi cuerpo cubierto de tierra. Nunca más volveré a escuchar las palabras que me decían: Hey amigo, eres el mejor; Hijo mío, estoy orgulloso de ti; cuanto amo a mi esposo; hermano mío, que bueno que viniste a mi casa; papito...
- NO, NO QUIERO MORIR, QUIERO VIVIR, envejecer junto a mi esposa y los míos, NO QUIERO MORIR TODAVIA....
- Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para SIEMPRE.
- NO, NO QUIERO, NO QUIERO, POR FAVOR DIOS....!!!!
- ¿Que te pasa amor?, ¿tienes una pesadilla? dijo mi esposa despertándome.
- No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebe, de mi familia, de todo lo que Dios me dio.

¿Sabes?, estando Muerto ya nada puedes hacer y estando vivo puedes disfrutarlo todo. Una vez cerrando tus ojos, nadie te garantiza volver a abrirlos. QUE BELLO ES VIVIR !!!! HOY LO LOGRE, MAÑANA ...
MAÑANA DIOS DIRA.

Despertar a cada día es maravilloso aun que las cosas no vayan nada bien, Dios nos da la oportunidad de despertar.

Ojala valoremos realmente nuestra vida, todo lo bueno que tenemos y ver el lado positivo de lo negativo que nos pasa.

Hay que recordar que estamos de paso y que nuestra vida no depende de nosotros sino de Dios...


 GRACIAS A LA COLABORACIÓN DE ACIPRENSA 

 

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