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TEMA 14 Meditación para el Sábado Santo
El Vicario General de la Diócesis, Don Florentino Gutiérrez fue el encargado de presentar el pasado día 30 de Enero el Tema 14 de este V Curso Cofrade, tema dedicado en esta ocasión a la Meditación del Sábado Santo. Nos sirvieron de guía las palabras de Monseñor Carlos Mariá Martini, Arzobispo de Milán. Antes de introducirnos en los comentarios del Arzobispo de Milán, D. Florentino Gutiérrez quiso constatar dos aspectos relevantes de esta jornada de Sábado Santo: · Es un día que hay que estar con María, con su Soledad y con sus Dolores, pero a la vez con Esperanza, ante la inminente resurrección de su Hijo. · Por otro lado, rescatamos el párrafo del Credo, “Descendió a los infiernos”. Este hecho se produce entre la muerte y la resurrección. Allí se encontraban todos los que habían muerto antes que él y que estaban a la expectativa de ser redimidos. Jesús les libera de la muerte sufrida y les devuelve a la “vida”. Cuando ya los tiene fuera, el último es él, que es tomado por la mano del Padre y lo saca del sepulcro. Jesús está recreando la creación en ese momento. Se abre una nueva etapa definitiva para la historia. Las puertas del infierno quedan como atrancadas. Los enemigos están vencidos. Comienza Monseñor Martini aludiendo a un conocido padre espiritual de un Seminario alemán, quien reconocía que a lo largo de su sacerdocio, más allá del nazismo o la guerra, lo que más dolor le había causado era la rápida y casi total disminución de la fe en los últimos veinte años. Dicho esto, nos introducimos en la cuestión de cómo hacer el ejercicio del Sábado Santo. En la última carta apostólica de Juan Pablo II – Novo milenio ineunte (NMI) – se encuentran una serie de indicaciones extraordinariamente ricas sobre todo lo que el Espíritu quiere decirnos en relación a nuestro futuro. En la dificultad y en el silencio del Sábado Santo, dicha carta lanza un rayo de luz sobre el milenio iniciado, subrayando las condiciones y actitudes interiores para vivir con la esperanza de María el traspaso de época. La NMI plantea tres cuestiones: · Encontrar un icono alentador. · Aprender a leer positivamente el pasado. · Propuesta de una lista de prioridades. El icono es la palabra evangélica de Jesús – remar mar adentro (Luc 5,4). Estas palabras destinadas a los apóstoles, resuenan también hoy para nosotros y nos invitan a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro. El Papa nos invita a mirar con coraje el futuro como si estuviéramos sólo en el comienzo del cristianismo: el “más” está aun por llegar. Siguiendo a Lucas, Juan Pablo II hace una relectura positiva del pasado próximo, del tiempo del Jubileo, en el cual ha sido afirmado que la Iglesia, mirando el pasado, tiene que pedir perdón por las culpas de sus hijos. La iglesia no tiene miedo de mirar su pasado y está dispuesta a leer en su historia reconociendo los grandes dones de Dios. Sobre esta base, el Papa plantea una serie de coordenadas deducidas de la contemplación del rostro de Jesús, contemplación que nos lleva a plantearnos qué debemos hacer y cuáles han de ser nuestras prioridades: 1. La santidad como proyecto de vida. Si el bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según la ética minimalista y una religiosidad superficial. “Sed perfectos como lo es vuestro Padre celestial” (Mt 5,48). El Papa plantea que es el momento de proponer de nuevo a todo el mundo con convicción este alto grado de la vida cristiana ordinaria. 2. La plegaria. Para esta pedagogía de la santidad hace falta un cristianismo que se distinga sobre todo en el arte de la plegaria. Hay que encontrar momentos de oración, comunicarnos con Dios y dejar que él se comunique con nosotros. Lo importante no está en qué pedirle, sino en escucharle: ¿Qué quieres de mí, Señor? ¿Qué quieres que haga? Por tanto, nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas escuelas de plegaria, donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, adoración, contemplación, escucha, incluso hasta un verdadero “arrebato” del corazón. 3. La escucha de la Palabra. No hay duda de que la primacía de la santidad y de la plegaria sólo pueden entenderse a partir de una renovada escucha de la Palabra de Dios. Juan Pablo II plantea que hace falta que la escucha de la palabra se convierta en un encuentro vital, en la antigua y siempre válida tradición de la “lectio divina”, que permite encontrar en el texto bíblico la palabra viva que interpela, orienta y modela la existencia. Como conclusión, el Arzobispo de Milán expresa su convencimiento de que el ejercicio del Sábado Santo comporta como primera providencia un sufrido realismo sobre la situación difícil para la fe y el cristianismo de hoy, pero después se abre a la esperanza cierta, propuesta por la Iglesia, para un futuro camino. Resumen por Ángel Hernández Torres
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