TEMA 12

Meditación para el Jueves Santo

 

Don Tomás Durán Sánchez, Vicario de Pastoral del Obispado de Salamanca fue la persona encargada de presentarnos el pasado día 16 de enero de 2008 el Tema XII, dedicado al Jueves Santo. Para ello se sirvió del siguiente esquema:

        I.            Historia

     II.            La Misa Crismal

   III.            La Eucaristía vespertina. Inauguración del Triduo Pascual

  IV.            El Lavatorio de los pies

     V.            La reserva y la Adoración Eucarística

  VI.            El despojo del Altar

 

       I.            Historia

1.     En el norte de África. En tiempos de San Agustín (siglo IV) existían dos eucaristías. Una por la mañana, dedicada al sacramento de la penitencia y otra por la tarde en la que se conmemoraba la cena del Señor.

2.     En Jerusalén. (siglo IV). Muy similar al norte de África, celebraban dos eucaristías, si bien en la de la tarde se acentuaba más la última cena de Jesús. Y la noche del Jueves al Viernes la pasaban en Vigilia de Oración en el Cenáculo (Huerto de los Olivos).

3.     En Roma. También las celebraciones recogían los dos aspectos que hemos citado: penitencial en la mañana y la última cena en la tarde. En el siglo VII se introduce una novedad en la liturgia. Se mantiene la misa de reconciliación y se introduce después la misa de la consagración de los óleos en la misma mañana del jueves. Por la tarde, la misa de la conmemoración de la cena del Señor: “Hoy los pecadores son de nuevo admitidos. Hoy son consagrados los óleos…” Esta tercera eucaristía es la que empieza a vislumbrarse como Triduo Pascual tras el Concilio Vaticano II. En 1570, tras el Concilio de Trento (1545-1563) aún se mantenía una sola misa en la mañana.

4.     Las reformas del siglo XX. En 1955 Pío XII promulgó una reforma completa del Misal de la Semana Santa: la Ultima Cena en la tarde del Jueves Santo, la Pasión y Muerte de Jesús en la tarde del Viernes Santo, y la Espera por la Resurrección desde la noche del Sábado Santo hasta el Domingo de Pascua. Introdujo el lavatorio de los pies en la propia celebración, pues antes se realizaba fuera y desautorizó las misas sin comunidad. En 1970, el Concilio Vaticano II asume esta reforma e introduce nuevos textos y oraciones, así como la concelebración y la comunión bajo las dos especies. De este modo, en el Misal Romano de 1970, confluye toda la riqueza de los siglos anteriores.

5.     La reconciliación antes de la Pascua. Es conveniente que el tiempo de Cuaresma concluya con una celebración penitencial antes del Triduo Pascual.

 

    II.            Misa Crismal

1.     El significado de esta misa: No pertenece al Triduo Pascual, aunque durante siglos ha sido característica del Jueves Santo. El Papa, o el Obispo, concelebra con sus presbíteros y bendice el Santo Crisma y los demás óleos. Es una manifestación de la comunión existente entre el Obispo y sus presbíteros en el único y mismo sacerdocio de Cristo. Asisten, por tanto, todos los sacerdotes de la diócesis. Se bendicen los óleos que después serán símbolos en los sacramentos del bautismo, confirmación, unción de enfermos y orden sacerdotal. Todo es nuevo, como la vida, la Pascua. Por tanto, todos los sacramentos nacen de la Pascua del Señor. Los textos de la misa son una catequesis sobre la gracia del crisma sacramental (“somos ungidos”).

2.     La recepción de los óleos: Posteriormente, esos óleos son repartidos por las diferentes parroquias de la diócesis. Es lo que se denomina “recepción de los óleos”. Hecho éste que se debería de revestir de mayor solemnidad, por la importancia que tiene, como se ha explicado en el punto anterior.

 

   III.            La Eucaristía vespertina, inauguración del Triduo Pascual

1.     La última cena, prólogo de la Cruz: En el Misal de Pablo VI el Triduo comienza con la Misa vespertina. La última cena es un prólogo de la cruz. Inaugura el misterio de la Pascua.

2.     Subrayar esta relación con la Pascua de Cristo: Es la mejor pedagogía para comprender el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección. Lo que Jesús pasó en la Cruz el Viernes Santo lo hace ritualmente en la cena de despedida. La cena y la cruz forman una unidad. Expresa el misterio de la cruz: cuerpo y sangre. Cena del Señor y sacrificio de la Cruz. Comulgando entramos en la muerte de Jesús que se actualiza y se hace presente. Por tanto, es un memorial del Señor, no un recuerdo, pues ese recuerdo traspasa el tiempo y se hace actual. Hacemos presente la misma eucaristía que hizo el Señor.

3.     Celebrar expresivamente la Eucaristía del Jueves: Una consecuencia de todo lo anterior no quiere decir que sea misa más importante del Triduo, sino que ésta es la Vigilia Pascual. Aspectos más importantes:

·        En 1955 ya es por la tarde, en la hora más oportuna y concelebrada.

·        Se introducen textos nuevos.

·        El sagrario permanece abierto y vacío. El pan se consagra en la misma eucaristía.

·        Lecturas: Libro del Éxodo 12, Salmo, 1 Corintios y Evangelio de Juan 13.

·        En la procesión de los dones destacan el pan y el vino. También se pueden llevar donativos para los pobres.

·        Se recomienda la plegaria eucarística romana: "Cristo, al instituir el sacrificio de la eterna alianza, se ofreció a sí mismo como víctima de salvación y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya".

·        La comunión debiera ser bajo las dos especies y llevada a los enfermos.

 

  IV.            El Lavatorio de los pies

1.     En la cena del Señor: Juan 13, 1-15. Tiene una importancia particular. Expone, a través del gesto simbólico del lavatorio de los pies, el significado de la vida  y de la muerte de Jesús. Desaparece la frontera entre la vida y la muerte del  Señor, las cuales se presentan como un acto único, en el que Jesús, el Hijo, lava los pies  sucios del hombre. El Señor acepta y realiza el servicio del esclavo, lleva a cabo el trabajo  más humilde, el más bajo quehacer del mundo, a fin de hacernos dignos de sentarnos a la  mesa, de abrirnos a la comunicación entre nosotros y con Dios, para habituarnos al culto, a  la familiaridad con Dios. Su mayor servicio lo hace en la cruz.

2.     En la historia de la Iglesia: aparece desde antigua. Está ligada a un sentido bautismal. Pero, sobre todo, al sentido de humildad. En 1570 aparece solamente como un gesto para el clero.

3.     Sentido profético y pedagógico: aceptar el  lavatorio de los pies significa tomar parte en la acción del Señor, compartirla nosotros  mismos, dejarnos identificar con este acto. Aceptar esta tarea quiere decir que hemos de continuar el  lavatorio, lavar con Cristo los pies sucios del mundo. 

 

     V.            La reserva y la Adoración Eucarística

1.     Para comulgar el Viernes Santo: No comienza hasta el siglo XVI, ya que el Viernes Santo no se celebraba eucaristía.

2.     Del sagrario al sepulcro: Se relaciona con el sepulcro (“monumentum: sepulcro”). Pío XII no habla de monumento, sino de reserva eucarística.

3.     La noche del Jueves miramos a Cristo Eucarístico: Según el Concilio Vaticano II, pasada la media noche, la adoración se ha sin solemnidad externa, pues ya estamos en la jornada del Viernes Santo. Si hay capilla del Santísimo, lo oportuno es que se haga allí.

 

  VI.            Despojo del altar

Al acabar de reservar el Santísimo, se despoja el altar. Debe hacerse sin ningún rito, pero debe hacerse inmediatamente, quitando los manteles, adornos florales, candeleros, alfombras y si el crucifijo no se puede quitar, habrá que cubrirlo. El altar representa a Cristo despojado de sus vestiduras. Así pasamos al Viernes Santo.

                                                                                                                                                            Resumen por Ángel Hernández Torres

 

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