TEMA 10

Las Cofradías ante la Semana Santa

 

Concluimos con este tema X todo lo relativo a las Cofradías y Hermandades y lo hacemos, como en los dos temas anteriores, siguiendo la pauta marcada por D. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo.  Las Cofradías ante la Semana Santa.- Cómo celebrarla, es  la materia sobre la que versa este resumen del V Curso de Formación Cofrade.

Muchas de las Hermandades y Cofradías que forman parte de cada Diócesis han surgido en relación con los misterios del Señor que se celebran en la Semana Santa. Son, por tanto, Hermandades Penitenciales.

Monseñor Cañizares, antes de adentrarse en el contenido de este capítulo, indica en su Carta Pastoral que en la sociedad actual, la Semana Santa, en general, se ha desdibujado, se ha secularizado, convirtiéndose en unas mini-vacaciones o días dedicados al turismo o al descanso. Por tanto, se ha descristianizado y hasta incluso paganizado. En el mejor de los casos, hay quien compagina el turismo o descanso con la asistencia a los cultos, celebraciones o procesiones propias de estos días. Pero también, y haciendo autocrítica, considera que nosotros también somos culpables, pues en muchas ocasiones pensamos más en el turismo, que en la representación plástica de los misterios que celebramos. A veces se le da más importancia a que determinadas procesiones sean declaradas de interés turístico nacional o internacional, que al hecho en sí de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo y a acompañar al Señor y a su Santísima Madre en estos pasos o estaciones.

Las procesiones, a pesar del auge que están tomando en algunas partes, no son siempre signo de una religiosidad o de una fe, sino expresiones culturales vaciadas de contenido y despojadas de la fe que debería animarlas, quedándose en lo puramente estético. Por ello, señala, hay que poner especial cuidado en magnificar estos actos, reduciéndolos a algo superficial y puestos al servicio de sentimientos no precisamente evangélicos o cristianos.

Para ello es necesario recuperar toda la verdad de la Semana Santa, parándonos a pensar en los qué es y celebramos a lo largo de estos días. Y que mejor forma de hacerlo que recordando todos y cada uno de los relatos de los Evangelios, en los cuales, en el centro del misterio de Cristo está su muerte y resurrección: Aquí viene el Reino de Dios; aquí nos alcanza la salvación de Dios a todos los hombres; aquí nos penetra e invade el amor infinito y la misericordia entrañable del Padre que nos entrega a su amado Hijo Unigénito.

Esto es lo verdaderamente importante de la Semana Santa, cuyas celebraciones litúrgicas y manifestaciones de la piedad popular nos introducen en este misterio de Cristo, Redentor único de todos los hombres, para todo el año y para todos nuestros días. Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo son los acontecimientos centrales de nuestra fe y de la historia de la humanidad.

Y en la cúspide de toda la Semana, la Noche Santa, de la que ya alborea un nuevo día de un nuevo tiempo, de una nueva creación. Nos abrimos a la esperanza firme que brota del hecho de que Cristo ha resucitado. Cristo vive y ha triunfado sobre la muerte. Su victoria es la nuestra. Esto es lo que da sentido a toda la Semana Santa, porque esta es la fe que le da vida, nuestra fe, la fe de la Iglesia. Solo desde la fe se entiende la Semana Santa y con fe es como se han de vivir estos días intensamente santos e inundados por la presencia del Señor, Crucificado y Resucitado. Por eso, sólo con la Iglesia y desde ella, se pueden celebrar y tomar parte activa en la Semana Santa.

Los Nazarenos, los Cristos colgados de la Cruz o yacentes, las imágenes de la Madre Dolorosa, de la Soledad, de la Esperanza,… los diferentes pasos que plastifican escenas de la Pasión, las procesiones, las Cofradías, las músicas y cuantos actos y manifestaciones públicas de estos días no son sino acompañamiento fiel del Cristo paciente y comentario amoroso y popular de los misterios de la redención, conservados en la memoria viviente de la Iglesia, celebrados y hechos presencias real en las celebraciones litúrgicas.

Los actos de la Semana Santa, para ser celebrados con verdad, para que no sean una mera representación vacía de contenido real, no pueden perder su contacto con las raíces de la fe. Estos actos no pueden dejar de ser la expresión de la convicción firme y serena de que la muerte de Cristo en la Cruz y su Resurrección son el comienzo y la presencia ya de la salvación definitiva del mundo. Por ello, las procesiones han de ser comentario fiel e inteligible, transmisión auténtica y veraz de esa convicción. No se puede amar las procesiones sin amar a Cristo y amar a su Iglesia, pues muchos cofrades participan en las procesiones, pero no participan en los Oficios o Celebraciones Litúrgicas de Semana Santa. Y esto es un contrasentido. Es importante que las Juntas de Cofradías tengan en cuenta la coordinación de los horarios de los cultos litúrgicos con los horarios de las procesiones.

Los cofrades vibran esos días con particular emoción, celebrando con intensidad de fe y de vida los acontecimientos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Hacen posible que, hasta el ambiente, nuestras calles y nuestras plazas se llenen de una especial religiosidad, de un recogimiento, fervor y piedad singulares. Pero para que toda esta intensidad gane vida es necesario que todos los cofrades participen en las celebraciones litúrgicas, lugar donde verdaderamente se hace presente el Misterio Pascual de nuestra Redención. Es más, las Cofradías han de alimentarse a lo largo del año de un mayor conocimiento y de una experiencia más viva de Jesucristo, lo que hará posible que vivan desde la fe estos días con singular intensidad religiosa.

Las Cofradías están llamadas a vivir, de manera especialmente fuerte, la caridad que brota del Costado abierto de Cristo y de su Cuerpo entregado, con obras de caridad significativas, con limosnas, con visitas a los enfermos y a los pobres y desamparados, con prestaciones voluntarias a los servicios eclesiales de caridad.  Celebrar con verdad la Semana Santa exige de las Cofradías una conciencia más honda y concreta de las graves consecuencias que la pérdida o la tibieza de la conciencia moral solidaria tiene en la vida personal, comunitaria y social.

En resumen, nos urge a todos testificar y anunciar lo que estos días celebramos. Para vivir bien las Semana Santa nos urge y apremia proclamar que Cristo ha muerto por nosotros, que resucitado para nuestra salvación, que por pura gracia estamos salvados, que El es el Evangelio vivo. Las Cofradías y Hermandades de Penitencia han de ser, por tanto, un testimonio y una ayuda a que los demás cristianos vivan como se debe la Semana Santa.

                                                                                                                                                            Resumen por Ángel Hernández Torres

 

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