TEMA 9

Exigencias fundamentales en las Cofradías

 

Continuamos profundizando en la vida de las Cofradías y Hermandades, sirviéndonos de la Carta Pastoral de D. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo, quien, como ya indiqué en el tema anterior, nos va a servir de guía en estas cuestiones.

Para llevar a cabo sus fines, las cofradías cuentan en primera instancia con el auxilio de la gracia de Dios y la ayuda de toda la Iglesia. Pero, sobre todo, gracias a una determinada determinación y asumiendo lo que real y verdaderamente han de ser: asociaciones eclesiales de fieles cristianos laicos, instituciones de la Iglesia, que están dentro y forman parte de ella. Es por ello, que resulta fundamental no apartarse de las enseñanzas de la Iglesia, considerando especialmente lo recogió en el Concilio Vaticano II; en la Exhortación Apostólica “Los fieles cristianos laicos” de Juan Pablo II, así  como todas y cada una de las normas emanadas de la diócesis correspondiente.

Según D. Antonio Cañizares, no debemos olvidar jamás que en el centro y en la raíz de todo está Jesucristo, el cual está presente en la Iglesia, siendo la piedra angular sobre la que se edifica. Por tanto, Cofradías y Hermandades, como parte integrante de la Iglesia, no serían nada sin Jesucristo, quedándose relegadas a algo puramente estético y costumbrista, carente de hondura y verdad.

Los cofrades no formamos un mero hecho cultural, ni un elemento simplemente social y popular o una “peña de amigos”, por muchos que algunos, con buena o mala fe, se empeñen en mostrar a las Cofradías como tales. Como tampoco son para el lucimiento de nadie, ni para las genialidades o protagonismos de nadie, ni están al servicio de ningún interés particular, ni de ninguna apetencia de poder, de imagen o de apariencia. Sois de Cristo y para Cristo; sois de la Iglesia y para la Iglesia. Sin fe cristiana no existirían, aunque a veces ésta se debilite por múltiples razones. Por tanto, que nada ni nadie os aturda con otra manera de ver las cosas.

Es evidente que cada Cofradía tiene unos fines específicos, pero a todas ellas les ha de animar unos elementos de vida comunes, elementos que son propios de la vida de la Iglesia, reavivados por el Espíritu Santo y fortalecidos desde el Concilio Vaticano II:

__Escuelas de formación cristiana para todos (catequesis, septenarios o quinarios y otras actividades de formación específicas, como es la doctrina social de la Iglesia).

__Ayuda y aliento para la vida cristiana de sus miembros, donde se ore y se participe activamente en los sacramentos y se fomente la vida espiritual de los cofrades.

__Espacio en el que se viva el mandamiento nuevo del amor a través de la caridad. Todas han de tener bien planteado y realizado el ministerio de la caridad.

__Ser testimonio vivo y ejemplo de vida cristiana en el mundo, en la vida diaria, en la familia, en el trabajo, en comunión con las parroquias y la diócesis.

__Estructuras eclesiales al servicio del apostolado y la evangelización de los laicos.

Además de los elementos anteriores, son significativas las siguientes cinco exigencias connaturales a la misión de la Iglesia y planteadas hoy con especial vigor:

__Refundación radical, personal y comunitaria de la experiencia de encuentro y seguimiento con Jesucristo.

__Renovada adhesión en el sentido de pertenencia a la Iglesia.

__Mayor responsabilidad por las verdades de fe de la Iglesia, de su anuncio y propuesta.

__Una nueva evangelización que comunique con todas las situaciones, ambientes y culturas, para abrir a Cristo su corazón.

__Renovado compromiso de presencia, solidaridad y servicio de los cristianos, que sea expresión de la fecundidad de la caridad al recuentro de los necesitados-

Las Hermandades y Cofradías han de cultivar la evangelización. De lo contrario perderéis vigor, os vaciareis de contenido y aliento cristiano, iréis al fracaso y a la disolución, a la vida rutinaria, perdiendo vuestra razón de ser, que no es otra que la de la misma Iglesia.

Otro aspecto importante es la dimensión eclesial y de comunión que, con la ayuda del Espíritu Santo, debemos entre todos mantener y fortalecer. Pues creemos dentro de la Iglesia, con la fe de la Iglesia y en la Iglesia. Se trata de una comunión en la fraternidad, vivida en la vida ordinaria, en la familia, en la parroquia y en la Hermandad. En definitiva, las Hermandades han de cultivar el amor a la Iglesia, la pasión por ella, sintiéndose profundamente unidos a ella.

Las Hermandades y Cofradías son parte integrante de la Diócesis y de las Parroquias donde están ubicadas. Por ello, deben ser acogidas como realidades diocesanas y estar insertas en la pastoral diocesana y parroquial. No pueden ir por libre, al margen de las parroquias; ni tampoco éstas las pueden ignorar o no respetar su particular carácter y visión de la vida de la Iglesia. Es, por tanto, algo recíproco.

Es necesario que las Cofradías sean atendidas por los Obispos con toda solicitud pastoral, que velen por ellas, contando con su ayuda para el fortalecimiento de su fe así como en las responsabilidades, legítimas y peculiares exigencias, y en las tareas asociativas cofrades. Esto mismo lo han de encontrar en los sacerdotes y consiliarios, al margen de las desconfianzas, distancias y tensiones que en un momento puntual puedan surgir.

Los cofrades, los hermanos, han de llevar una vida digna conforme al Evangelio; una vida que sea ejemplar para los demás; una vida sin tacha. Es necesario que los asociados iluminen a los demás, tanto individualmente como asociación.

Un asunto importante es la selección, admisión y exigencias de los miembros de las cofradías. No se trata de excluir a nadie que tenga las disposiciones mínimas exigibles; pero tampoco importa tanto el número; debe preocuparnos la calidad. Si bien hay que ser comprensivos hacia las debilidades y fragilidades de todos, no debemos en ningún caso justificar la pereza, no dar pasaos hacia una fe más viva y operante y contentarse con el hecho de contar con muchos “apuntados” pero poco identificados con lo que es la Hermandad.

Resulta igualmente importante la selección de los cargos directivos de las Cofradías, pues éstos reciben una misión encomendada por la Iglesia y han de actuar en su nombre y siguiendo sus orientaciones. Su función no se reduce a una mera gestión administrativa u organizativa. Sino que está relacionada estrechamente con la vida y misión eclesial. Si la formación es muy importante para todos los cristianos y cofrades, mayormente ha de serlo para los que son dirigentes, Hermanos Mayores y Presidentes, especialmente. (En su diócesis, Toledo, no confirmará a ningún Hermano Mayor que no haya realizado los cursos cofrades).

Como asociaciones que pertenecen a la Iglesia, las Cofradías han de guardar celosamente su identidad, rigiéndose por sus propios Estatutos, ejerciendo su independencia y libertad que no puede ser instrumentalizada por nada ni nadie ajena a la misma Iglesia. Sus fines son religiosos y no culturales, pues el patrimonio artístico no altera la propia identidad cristiana y eclesial. Los recursos de las Cofradías han de estar al servicio de su vida y misión eclesiales. La gestión económica debe inspirarse en la moral de la Iglesia, dedicando un apartado especial a la caridad, por lo que habrá de establecerse las prioridades necesarias a la hora de administrar dichos recursos, teniendo siempre presente el sentido de la austeridad evangélica y caridad cristiana, conforme a las normas canónicas.

Como entidades que buscan de manera muy principal el culto a Cristo Crucificado o algún misterio de la Pasión del Señor, a la Santísima Virgen María en sus diversas advocaciones, etc., ese culto ha de ser un culto en espíritu y en verdad. Se trata de un culto que nos identifique más con Cristo o con la Virgen María. Las procesiones, pasos, imágenes, etc., han de responder a ese espíritu y han de ser una auténtica manifestación de la fe, testimonio de fe y una llamada para quienes las contemplen a que se unan a los mismos sentimientos que inspiran aquellas manifestaciones. Quienes participan en las procesiones han de expresar de verdad que la muerte de Cristo en la Cruz es la puerta de la salvación para el mundo, de tal forma, que su modo de hacerlo llegue al corazón de los que asisten desde las aceras.

Concluyo así este amplio tema, el cual os invito a leerlo en más de una ocasión y siempre que vuestra fe flaquee u os encontréis con situaciones que os hagan dudar sobre el verdadero significado de las Hermandades y Cofradías, su misión, sus fines,…

                                                                                                                                                            Resumen por Ángel Hernández Torres

 

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