TEMA 6

La Meditación de María

 

De profunda y teológica podemos calificar la ponencia “María, Iglesia naciente” de Joseph Ratzinger que nos sirvió de base para este sexto tema del Curso de Formación Cofrade. Presentado e introducido por nuestro Vicario General,  contribuyó a despejar dudas entre los asistentes a la vez que fue elemento dinamizador de nuestro espíritu.

Para entrar en materia, D. Florentino planteo la necesidad histórica de la presencia de mediadores para acercarnos a Dios, misión encargada a los patriarcas, profetas, etc. En el caso de María, el Papa desarrolla ampliamente la mediación de la Madre en su encíclica Redemptoris Mater, si bien el Concilio Vaticano II mencionó también el título de mediadora de María en la Constitución Dogmática de la Iglesia “Lumen Gentium” (LG 60 y 62).

El Santo Padre subraya con insistencia la mediación de Jesucristo, pero esta unicidad no es exclusiva, sino inclusiva, ya que posibilita otras formas de partición. Es decir, la unicidad de Cristo no borra el ser para los demás y con los demás de los hombres ante Dios. Estos son hechos simples de nuestra experiencia cotidiana, pues nadie cree solo, todos vivimos, también en nuestra fe, de mediaciones humanas. Aunque ninguna de ellas basta por si misma para acercarnos a Dios, pues toda mediación queda delimitada de forma universal en la coordinación con Cristo.

La mediación de María, por tanto, no se diferencia de la de otros seres humanos. Pero el Papa va más allá. Aun cuando la mediación de maría está en la línea de la colaboración creatural con la obra del redentor, sin embargo es portadora del carácter de los extraordinario, pues llega de manera singular más allá de la forma de mediación fundamentalmente posible para todo ser humano en la comunión de los santos.

El Papa resalta especialmente una forma de mediación de María en el milagro de Caná, en el que su intervención hace que Cristo se anticipe ya entonces en el signo de su hora futura. Ella confía absolutamente en su Hijo y anticipa con su mediación la llegada del Reino. La tesis fundamental del Papa dice: el carácter único de la mediación de María estriba en que es una mediación materna, ordenada al nacimiento continuo de Cristo en el mundo. Esa mediación mantiene presente en el acontecer salvífico la dimensión femenina, que tiene en ella su centro permanente.

María es la Iglesia encarnada. En Ella resurge todo lo que es la Iglesia. La encíclica destaca un pasaje de la Biblia en el que a primera vista parece contrario a la veneración de María. (Lc 11,28) Dichos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan. Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen. (Lc 8,20s).

Conviene resaltar dos nociones muy importantes. La primera es que, además del nacimiento físico único de Cristo, hay otra dimensión de la maternidad que puede y debe continuar. La segunda noción es que esta maternidad se basa en la escucha, guarda y cumplimiento de la palabra de Jesús.

En Pentecostés, en el momento en que la Iglesia nace del Espíritu Santo, esto se hace concreto, pues María esta en medio de la comunidad orante que, por mediante la venida del Espíritu, se convierte en Iglesia. La correspondencia entre la encarnación de Jesús en Nazaret por la fuerza del Espíritu y el nacimiento de la Iglesia en Pentecostés son dos hechos en los que está presente la mediación de María, que es quien une ambos momentos.

Por otro lado, el Santo Padre se sirve del evangelio de Juan, concretamente de las palabras del Crucificado a su Madre y a Juan, el discípulo amado. Ahí tienes a tu madre – Mujer, ahí tienes a tu hijo, han servido a teólogos para afirmar el cometido especial de Maria en la Iglesia y para la Iglesia. Palabras, que para el Papa, son como el testamento de Cristo pronunciado desde la cruz.

Destacar que tanto en un relato como en otro, el evangelista no llama a María por su nombre, ni madre, sino con el título de mujer. La conexión de Gn 3 y Ap 12 con el signo de la mujer queda así establecida desde el texto. (EVA – desgracia ; AVE – gracia).

Para terminar, la encíclica resume lo anterior en una frase del credo del Pablo VI: Creemos que la Santísima Madre de Dios, la nueva Eva, Madre de la Iglesia, prolonga en el cielo su tarea materna a favor de los miembros de Cristo, cooperando en el nacimiento y fomento de la vida divina en las almas de los redimidos.

                                                                                                                                                            Resumen por Ángel Hernández Torres

 

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