A la tradición de siglos hay que sumar la media docena de artistas que aún mantienen viva

esta vocación en la ciudad

Un reportaje de José A. Montero

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Trescientos años después de que un salmantino llamado Alejandro Carnicero pasease, a través de su obra, el nombre de esta ciudad por todo el mundo, la tradición por la escultura religiosa, y más concretamente por la imaginería, sigue viva en esta tierra. Nombres como Soriano Montagut o González Macías no sólo continuaron la tradición semanasantera, sino que elevaron a la categoría de arte una práctica a caballo entre la creación y la devoción.

Y la tradición continúa. En los albores del siglo XXI, la escultura religiosa sigue ocupando un lugar preferente entre los artistas charros. Sus talleres, estudios y peanas se cubren de sabor, color y sentimiento devocional. Y más aún en las fechas tan señaladas de pasión, donde el recogimiento, el sacrificio y la esperanza se imponen al transcurrir folclórico de una ciudad lúdica, divertida y animada. Así lo refrendan sus obras. Unas piezas cargadas de hondura, llenas de pasión y rebosan es de sentimiento. Piezas que se agrandan y crecen en su paseo majestuoso por las centenarias calles de una ciudad castellana; piezas que imponen y remueven los corazones de los miles de fieles que, con tanto fervor, siguen las procesiones.

© La Gaceta de Salamanca - Enrique Orejudo (Escultor), tallando el Cristo Yacente

Es una pasión sin fin. Pasión y entrega. Entrega y disfrute. Disfrute y entusiasmo. Sólo así, bajo tales condiciones, se explica la existencia en Salamanca de una gran escuela de imaginería. Una escuela que, asentada en la tradición castellana, ha conseguido traspasar fronteras y convertirse en uno de los referentes creativos del momento. Nombres como Damián Villar, Hipólito Pérez Calvo, Enrique Orejudo, Fernando Mayoral, Vicente Cid Pérez... marcan la pauta religiosa de una ciudad que puede seguir presumiendo de su condición de cuna y escuela de imagineros.

Aunque cada uno ha conseguido fraguarse un estilo propio y muy personal, la obra de todos entronca con la vieja tradición de la escuela castellana: Sobriedad, crudeza y expresividad. Así se mostraba el más veterano de todos ellos, Damián Villar, un nombre que permanecerá ligado de por  vida a la Semana Santa salmantina; no en vano, cuatro son los pasos que procesionan por nuestras calles y que han salido de sus manos de artista; "Nuestro Padre Jesús de la Pasión", "Nuestro Padre Jesús en el Prendimiento", "Cristo de la Agonía" y "Virgen de la Esperanza". Aunque por número de piezas, al vez ninguno tan significativo como Hipólito Pérez Calvo, quien en la actualidad puede presumir de contar con siete pasos procesionales en diversas ciudades de la región: "Las tres marías y San Juan", "Jesús, luz y vida" y "Cristo", en Zamora; "Calvario", "San Juan camino del Calvario", en León; "La Soledad" y "Jesús cargando con la cruz", en Toro; y "Nuestra Madre", en Salamanca, aparte de algún otro.

Junto a ellos, Enrique Orejudo, aporta creatividad y devoción a través de su "Santísimo Cristo Yacente" y su "Señora del Silencio", sensaciones que comparte Vicente Cid Pérez en su "Yacente" y "Soledad de la Cruz", pasos que llenan la Semana Santa.

Y no en Salamanca, pero sí en Zamora, Fernando Mayoral, contribuye al recogimiento con su espectacular "Santa Cena".

© La Gaceta de Salamanca/ Damián Villar (Escultor) con Nuestro Padre Jesús de la Pasión / Foto: Barroso

Escultor fallecido en Septiembre de 2003.

Descanse en Paz.

Arte, Tradición y Devoción

"Para ser un buen imaginero hay que vivir la Semana Santa".Ésta parece haberse convertido en una de las reglas de oro del escultor. Al menos así lo entienden estos artistas salmantinos metidos a imagineros, conscientes de que debajo de todo escultor hay siempre, en potencia, un imaginero. "Raro es el artista que nunca se haya adentrado en la creación de contenido religioso", según dijo Pérez Calvo, un autor que ha sabido unir en sus obras tradición y modernidad. Este mismo camino es el que ha tomado el más joven del grupo, Cid Pérez, para quien clasicismo e innovación no son términos contrapuestos. Junto a ellos, Damián Villar, Fernando Mayoral y Enrique Orejudo se alzan como los grandes baluartes de la recia escuela castellana.

Una escuela que, exenta del.barroquismo de antaño, ha sabido encontrar en la sobriedad y.el valor estético su enseña, su carta de presentación, su.impronta personal. Y es que Salamanca si que dando muestras.de.su vocación artística y de su condición de ciudad cultural..Una condición que, lejos de caer en desuso, se mantiene viva e inmaculada como el primer día y, con total seguridad, así.seguirá en el futuro.

"Lo bonito es ver que hay.gente que ya ha tomado el relevo",señala Orejudo, cabeza de.familia de una saga con mucha solera en el campo de la creación.plástica y de la decoración artística.

Reportaje recogido en La Gaceta Regional de Salamanca, Abril de 2001

© La Gaceta de Salamanca/ Hipólito Pérez Calvo (Escultor) con una de sus maquetas / Foto: Salvador

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