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ECOS DE LA FIESTA DE LA FAMILIA CRISTIANA El encuentro “Por la familia cristiana”, celebrada en la Plaza de Colón el domingo 30 de diciembre, fiesta de la Sagrada Familia, con una participación de millón y medio de personas, y con una contestación, a mi parecer desmesurada, del Gobierno y su partido, merece una reflexión sosegada. Creo que tenemos que afirmar lo siguiente: 1 — Los católicos tenemos el derecho de manifestarnos y proclamar nuestra fe. Como cualquier grupo de ciudadanos tenemos el refrendo de nuestra Contitución: el derecho a la manifestación según el Art. 21,2; y la libertad de expresión según el Art. 20, 1, a. 2 — Los católicos tenemos el deber de proclamar públicamente nuestra fe. Convendría releer la Instrucción “Los católicos en la vida pública” de la Conferencia Episcopal Española. Pero, sobre todo, están las palabras de Jesús:“Lo que os digo de noche, decidlo en pleno día; y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea”. (Mt 10, 27); “Vosotros sois la luz del mundo… Brille vuestra luz delante de los hombres” (Mt 5, 15-16). 3 — La fiesta tuvo una participación masiva. Con una cita improvisada y reducida (solamente convocaba el arzobispado de Madrid), acuden católicos y no católicos de toda España y del extranjero; representantes de todas las diócesis (con una presencia de 40 obispos), de numerosas parroquias y movimientos laicales. Con un seguimiento de millones a través de la radio, la televisión y la prensa. ¡Una verdadera fiesta! 4 — La fiesta tuvo una participación ejemplar. Hay que decirlo. Sin insultos, gritos, algaradas o agresividad... Se respetó el mobiliario urbano; en ningún momento tuvo que intervenir la policía; con una puesta en escena equivalente a lo que hacen otros grupos: escenario, megafonía, grupo musical, pantallas de video, transmisión en directo por radio y televisión, incluso con la novedad de una video conferencia... Intervenciones de laicos, sacerdotes, obispos, cardenales y hasta el mismo Benedicto XVI. Tres horas, con frío, a pie firme y con el entusiasmo a flor de piel. ¡Un verdadero ejemplo! 5 — La fiesta proclamó el Evangelio. En su momento culminante se pasó de las palabras a la oración, con procesión de la Virgen de la Almudena incluida. Y resonó en medio de la asamblea la Palabra de Dios; a través de los medios llegó hasta los lugares más lejanos. Esta celebración de la plaza de Colón era una más de las muchísimas que ese día se celebraban en toda España con motivo de la Sagrada Familia. 6 — La fiesta incluyó la denuncia profética. En la noción de “culto debido a Dios” entra de lleno la denuncia profética ante la injusticia. “No el que diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre” (Mt 7, 21). El culto no se identifica solamente con la oración, sino con la aceptación de la voluntad de Dios y el compromiso real de hacerla efectiva en la sociedad. Un cristianismo que no fuera fiel a su compromiso con la misión profética de denunciar las injusticias, alabaría a Dios sólo con los labios. Recordemos el ejemplo de los Santos Padres como testimonio de esta fidelidad a una misión que tiene su raíz en lo más íntimo y básico de la fe cristiana. Para ayudar a los que se han escandalizado por algunas frases de los participantes, en absoluto originales, les invito, como amigo, a que repasen los siguientes textos: En el “Compendio de la doctrina social de la Iglesia”: sobre la familia, nº 209-254; sobre la democracia, nº 406–416; sobre el laicismo, nº 572. En las “Orientaciones morales ante la actual situación de España” de la Conferencia Episcopal Española: sobre la familia, nº 41-42; sobre la democracia, nº 52-56, 60-61; sobre el laicismo, nº 5-21. “¡Y dichoso aquel que no se escandalice de mí!” (Mt 11, 6).
5 Florentino Gutiérrez Sánchez------ Sacerdote y Vicario de la Diócesis de Salamanca------
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