UN AÑO SIN LUIS MONZÓN

Ayer 14 de febrero se cumplió un año del fallecimiento de Luis Monzón. Y la próxima Semana Santa nos volverá a faltar el fotógrafo más emblemático de nuestras procesiones. No lo acabamos de aceptar. Sigue costando ir a los desfiles procesionales y no ver a Luis, con todos los pertrechos y la cámara siempre a punto.

 

Se cumple un año y no podemos olvidarnos de aquellos Domingos de Ramos con las primeras fotos matutinas, junto al Palacio de Monterrey, y las vespertinas al Cristo del Perdón, con el preso ya cargando.

© Óscar García

Y cómo olvidar el Lunes Santo. Siempre lo veía entre el paso al pasar por la esquina derecha de la Clerecía, increíblemente asomado a un balcón para obtener el mejor encuentro del Cristo de los Doctrinos ante la casa de las Conchas. los balcones eran su especialidad. Luis conocía a todo el mundo y siempre le permitían hacer fotos donde quería. el Martes Santo, muchas veces, desde las ventanas del Patio de Escuelas. desde ahí seguía la promesa de silencio y con una de esas fotos editó su cartel de la Semana Santa de Salamanca.

El Flagelado era uno de sus favoritos. Todos los Miércoles Santos seguía la procesión completa. Se la conocía al dedillo y no le importaba gastar dos carretes en ella. Juan, el jefe de paso. lo borda siempre... y sin parar. A media noche nos tomábamos un tentempié y a ver la salida del Cristo de la Agonía Redentora. La salida posiblemente sea lo mejor de toda la procesión, pero no importaba. Seguíamos por Tostado hasta la Plaza y luego un cafetito en el Berysa para matar el frío. Ya repuestos íbamos hacia las Isabeles, para oír las canciones ante el Cristo. De regreso esperábamos en las escaleras de la calle Compañía, para ver el desfile completo en la cuesta. Y al final nos quedábamos al besapiés, con el paso desmontado. Luis siempre cogía un clavel del Cristo para Carmen, su mujer.

Podíamos descansar un par de horas, o incluso no acostarnos, para ir a la salida del Vía Crucis en los Trinitarios, en el barrio, su barrio. «Te invito a un café», «sí, pero vamos a la Plaza». Allí esperábamos la procesión, que pasaba cuando ya la habían barrido y regado recientemente. Al amanecer del Jueves Santo, en la Plaza Mayor, hizo la foto de ensueño a Jesús del vía Crucis. En la tarde, junto al humilladero de la Vera Cruz, siempre fotografiaba a la Dolorosa y después salíamos corriendo para ir a la calle Tentenecio y coger la subida de la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz, con sus inmensos pasos. las mejores fotos, sin embargo, las hacía de regreso, subido en el pretil del Puente Romano mientras yo le sujetaba.

En la madrugada, a las cuatro, ya estaba Luis deseándome los buenos días. «Buenos días serán para tí», «sí, qué va, quince carretes y sin dormir. A ver si este año ni picáis a la Virgen, que como se baje se va andando. Bueno, te dejo, que ya está Meri con el Pasión al fondo y este año le hago una foto que estoy buscando desde hace mucho tiempo».

Terminada la procesión, a media mañana, siempre aparecía Luis, con la cámara pequeña, en el besapiés del Cristo de los Doctrinos. Con un poco más de calma comentábamos la procesión, que si la Virgen se había picado menos, que si Juan de maravilla en la entrada de la Catedral... y luego a comentar los preparativos de la tarde, dando todo tipo de consejos. «Pon bien la corona al Cristo, que parece una boina, así me gusta más... y trata bien a las niñas, que esta tarde te veré». «Vale Luis, hasta la noche... y ya sabes que quiero todas las fotos».

En la tarde salía el Nazareno en la procesión general y a la altura del Cuzco ya estaba Luis haciéndome la seña para que le parase el paso... hacía la foto y se iba. Y al pasar por la Universidad me lo encuentro subido en una escalera, como sólo lo había visto en Sevilla... increíble.

No estaría de más que este año las cofradías tuvieran un recuerdo para Luis Monzón, porque el revolucionó la fotografía de la Semana Santa. Cuando este año pasemos por la calle Meléndez, Luis, volveremos a recodarte, y las niñas te tendrán presente por lo mucho que hiciste por ellas, por las horas que pasaste en la Vera Cruz para realizar el paso y tantas otras cosas.

Si, Luis, te echaremos de menos. Ahora estarás mejor, haciendo fotos a la Señora de verdad, mirándole a la cara y buscándole el lado bueno, como tú sólo saber hacerlo... pero te echamos de menos y sentimos no poder decirte «Luis, no te olvides que éstas también las quiero todas».

 

Antonio Borrego Sánchez................

 

 

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