ADIOS A UN AMIGO, ADIOS A CHUCHI

-.GRACIAS por tu aportación a la música de Nuestra Semana Santa

La vida tiene la grandeza de permitirte vivir los momentos más felices de nuestra transitoria etapa en este mundo terrenal, de compartir ilusiones y esperanzas, de conocer y hacer amigos, de amar y ser amados... Pero también te juega malas pasadas. Su oponente, la muerte, llega por sorpresa, sin esperarla, tiñendo de negro a hogares y rincones, rompiendo proyectos y planes para el futuro, troncando nexos de unión entre familias, entre amigos, entre componentes de un mismo grupo...

La víspera de la festividad de Nuestra Señora del Rosario quedará grabada para siempre en el recuerdo de cuantos de un modo u otro nos sentíamos próximos a Jesús Barnes Santos, “CHUCHI”.

Dos llamadas telefónicas de dos amigos, vinieron a enturbiar el sosiego de una noche que se presentaba como otra cualquiera. No había motivos para la frustración, es más, personalmente me encontraba satisfecho por haber participado, aunque mínimamente si cabe, en la puesta a punto de la salida en procesión de la Virgen del Rosario y deseoso de que el 7 de Octubre pudiésemos honrarla como solo Ella se merece.

Pero hay noticias que chafan todas las expectativas. Y la muerte de Chuchi es una de ellas. Es probable que estemos preparados para afrontar los designios que la vida nos presenta, pero nunca estamos dispuestos para encajar la pérdida de una familiar o de un amigo, como es el caso.

La carretera, la maldita carretera, nuevamente se cobra una víctima sin pedir permiso a nadie. No le ha importado si Chuchi estaba cumpliendo con su responsabilidad profesional al volante de su camión, si había una joven mujer con su hija esperándole para darle un beso de bienvenida tras una larga jornada de trabajo. Y mucho menos ha tenido en cuenta que con su ausencia nos dejaba nuestros corazones fracturados en no sé cuantos pedazos.

Hablar bien de Chuchi en estos momentos puede resultar un tanto tópico. Pero en esta ocasión cualquier virtud que se le asigne a este joven amigo está más que justificada.

Encontrar a una persona que a través de su mirada proyecte humildad y sencillez no es tarea fácil en la época en que vivimos. Su entrega para con el mundo de la música procesional a lo largo de muchos años es algo que no voy a descubrir en estos momentos, pero no por ello hay que dejar de resaltar su entrega y constancia durante muchas horas, tras salir del trabajo, en sus días de descanso... Chuchi lo hacía por amor hacia algo que formaba parte de su vida, por eso era una persona desinteresada, que tendía la mano a quien le necesitaba o le requería sus conocimientos y experiencias.

La sección de percusión era su fuerte y por ello contribuyó a formar escuela de buenos músicos de la caja, del tambor o del bombo. Fiel a sus principios, supo seguir siempre una misma línea, no dejándose impresionar por cantos de sirena que provenían de mentes aprovechadas. El siempre tenía su máxima: que los integrantes de una banda fueran ante todo personas, conocedores y defensores de los valores humanos, que los jóvenes que elegían el camino de la música procesional se integraran en el grupo para que la amistad fuese la esencia del mismo. El aprendizaje de la música vendría después, con el tiempo.

Chuchi, tuve la suerte de conocerte en el viaje que hicimos a Sevilla para la actuación de la Banda de Cristo Yacente en la Capilla de los Marineros y ambos supimos que eran más las cosas que nos unían que las que nos separaban. Quizás, por ello, siempre mantuvimos una más que cordial relación, intercambiando opiniones, intentando mejorar lo existente, desahogándonos de nuestros problemas, compartiendo los sentimientos que nuestras mujeres tienen por nuestra implicación en la Semana Santa y su entorno.

Y todo, desde ayer, ya solo forma parte del recuerdo. Ahora debemos conformarnos con el vacío de tu ausencia, pero sabedores de que tu paso por esta vida nos ha dejado una melodía inolvidable, plena de notas escritas con las palabras bondad, amistad, trabajo, sencillez y Amor.

Chuchi, las Bandas de Música de Salamanca en particular y la Semana Santa salmantina en general estamos en deuda contigo. Confío en que sepamos estar a la altura y rendirte un entrañable homenaje como verdaderamente te mereces.

Mientras tanto, esta noche, cuando vaya en la trabajadera, pediré a Dios que te permita acompañarnos desde el Cielo y que el replicar de tu tambor se proyecte en nuestros corazones.

Hasta siempre, amigo.

 

 

Ángel Hernández Torres------

Macareno 40, Cofrade Semana Santa------

 

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