LOS COFRADES ANTE EL MENSAJE DEL SANTO PADRE

PARA LA CUARESMA 2008

 

Como cada año, al llegar la Cuaresma, el Santo Padre nos envía su pastoral a cerca de este tiempo de preparación previa a la Semana Santa. Este año lo hace bajo el título Nuestro Señor Jesucristo, siendo rico, por vosotros se hizo pobre, título sobre el cual gira todo el contenido de su mensaje.

Dice Benedicto XVI que la Cuaresma nos ofrece una ocasión única para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, a la vez que nos estimula a descubrir la misericordia de Dios a fin de que nosotros también lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros hermanos. En este tiempo, la Iglesia propone una serie de compromisos específicos para acompañar a los fieles en ese proceso interno de renovación: oración, ayuno y limosna.

La limosna, dice el Santo Padre, nos ayuda a vencer esta constante tentación y nos educa a socorrer al prójimo en sus necesidades, compartiendo con los demás lo que poseemos por bondad divina. De esta forma, a la purificación interior se le añade un gesto de comunión eclesial, tal y como sucedía en la Iglesia Primitiva (cf. 2 Cor 8,9; Rm 15, 25-27).

Según los evangelios, no somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores. Dicho de otro modo, somos medios a través de los cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, para ser su providencia hacia el prójimo. Vemos como en las Sagradas Escrituras, Jesús amonesta a quienes poseen las riquezas terrenas y las utilizan para sí mismos, ajenos a las necesidades de la muchedumbre, carente de todo.Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (1Jn 3,17). Socorrer a los necesitados es por tanto un deber de justicia aún antes que un acto de caridad.

Pero los Evangelios introducen un aspecto más con respecto a la limosna cristiana. Ésta tiene que ser en secreto. “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”, dice Jesús, “así tu limosna quedará en secreto” (Mt 6,3-4). De este modo, la gloria será para Dios y no para nosotros. El Papa nos insta, por tanto, a que esta conciencia acompañe cada gesto de ayuda al prójimo, evitando que se transforme en una manera de llamar la atención, evitando caer en la tentación de aspirar a satisfacer un interés personal o a obtener la aprobación de los demás. Se trata, pues, de una expresión concreta de la caridad, virtud teologal que nos exige nuestra conversión al amor de Dios y de los hermanos, según imagen de Jesucristo, quien, muriendo en la cruz, entregó todo su amor por nosotros.

Así mismo, las Escrituras nos enseñan que hay mayor felicidad en dar que en recibir. Por tanto,  cuando actuamos con amor, expresamos la verdad de nuestro ser, pues no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (cf. 2 Cor 5,15). Cuando compartimos nuestros bienes con el prójimo experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz y satisfacción interior.

Pero hay más. Para el Evangelista Pedro (1 P 4,8) entre los frutos espirituales de la limosna se encuentra el perdón de los pecados: “La caridad cubre multitud de pecados”. Dios nos ofrece a los pecadores la posibilidad de ser perdonados, pues el hecho de compartir con los pobres lo que poseemos, nos dispone para recibir ese don. Por tanto, la limosna que nos acerca a los demás, nos acerca igualmente a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los demás.

Por último, la práctica cuaresmal de la limosna se convierte en un medio para profundizar nuestra vocación cristiana, pues estamos dando testimonio de que no es la riqueza material la que dicta las leyes de la existencia, sino el amor, que es quien, en definitiva, da valor a la limosna.

Concluye Benedicto XVI diciendo que la Cuaresma nos invita a entrenarnos espiritualmente, también mediante la práctica de la limosna, para crecer en la caridad y reconocer en los pobres a Cristo mismo. Por tanto, que este tiempo esté caracterizado por un esfuerzo personal y comunitario de adhesión a Cristo para ser testigos de su amor. Que María, Madre y Sierva fiel del Señor, ayude a los creyentes a llevar adelante la “batalla espiritual” de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna, para llegar a las celebraciones de las fiestas de Pascua renovados en el espíritu.

En definitiva, este es un mensaje cuaresmal que da de lleno en la “diana” de los postulados de las Hermandades y Cofradías en general y en la de los cofrades en particular. Sin dejar de lado nuestras obligaciones a la hora de presentar nuestros pasos y nuestras Imágenes con el mayor decoro posible, no olvidemos que lo más importante no está en lo estético de nuestras manifestaciones, sino en hacer el bien y en ayudar a cuantos lo necesitan. De este modo estaremos enriqueciendo nuestro espíritu y a la vez contribuiremos a que las Hermandades y Cofradías ocupen el espacio que la Iglesia Diocesana nos tiene encomendados.

Salamanca, 6 de febrero de 2008

 

Ángel Hernández Torres------

 

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