EL ESTANCAMIENTO DE NUESTRA SEMANA SANTA

A lo largo de las últimas semanas venimos escuchando y leyendo algunas reflexiones por parte de los principales responsables de las cofradías y hermandades salmantinas, acerca de la participación de los cofrades en los distintos actos que se han programado durante la Cuaresma y la previsión de asistencia a los desfiles procesionales que están a punto de comenzar.

Palabras como que la Semana Santa salmantina está estancada o que cada vez es menor la presencia de cofrades, son de dominio público, salvo alguna extraña excepción. Creo que negar la evidencia es tan absurdo como no hacer una firme autocrítica del por qué de esta situación.

Me llama considerablemente la atención que, salvo el Hermano Mayor de la Cofradía de la Oración en el Huerto, ninguno haya admitido que el problema de esta supuesta crisis pueda deberse a las formas de hacer o gestionar las Hermandades de Penitencia salmantinas, o dicho con sus palabras, que quizás los que estén estancados sean los propios Hermanos Mayores o Presidentes.

Resulta cuando menos anecdótico afirmar que las principales causas que motivan la falta de ilusión o el desánimo sean derivadas de la cultura y carácter salmantino, de la frialdad y falta de sentimientos de los cofrades castellanos.

Si miramos atrás solamente un par de decenas de años, recordaremos que las cofradías salmantinas se nutrieron de un gran número de hombres y mujeres, fundamentalmente jóvenes, los cuales actualmente han pasado ya la treintena de años, muchos de los cuales han formado su propia familia, han m durado como personas, en definitiva, que están en mejores condiciones para aceptar o no los valores humanos en general y del cristiano en particular.

Por lo tanto no creo que el problema esté en la falta de sensibilidad de aquellos que hoy ya no son tan jóvenes. Si echamos mano de las hemerotecas, no es difícil encontrarnos con artículos de algunos expertos y no expertos en Semana Santa, que afirmaban que aquel boom que se estaba produciendo a mediados de los ochenta podía ser ficticio, si no iba acompañado de actuaciones concretas que vinculasen realmente a los jóvenes al seno de las hermandades, más allá de su mera presencia en las procesiones. Dicho de otra manera, había que echar raíces o poner firmes cimientos para que aquel estado de bonanza que se vivía no se fuera al traste con el paso de los años.

Pero claro, los dirigentes de las hermandades han seguido instalados en los métodos de entonces, primando la cantidad por encima de la cualidad. Y sino qué tienen que decir a hechos como el que apenas si se da culto a las Imágenes Titulares a lo largo del año, incluso que algunas hermandades ya no lo hacen ni tan siquiera durante la Cuaresma. O dónde se ha dejado la formación de los cofrades, promovida desde el interno de las cofradías, por no citar jornadas de convivencias o de fraternización entre hermanos, vinculación de estos a las obras sociales, raramente impulsadas por las cofradías, etc.

A mi juicio, los dirigentes semanasanteros se han preocupado más por dignificar las procesiones, incorporando más y mejores ornamentos procesionales, restauración de imágenes, etc, que por cuidar la auténtica riqueza que tienen las hermandades y que son sus miembros.

No se puede mantener la ilusión de un cofrade con el simple hecho de convocarles a dos cabildos o juntas generales en todo un año o celebrar la fiesta de la hermandad. La comunicación entre la jerarquía de las cofradías y sus miembros es prácticamente nula por regla general. Pero luego queremos arreglarlo en cuestión de un mes, o como dice un refrán castizo, sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Amén de otras situaciones irreproducibles que se viven en el seno de las hermandades, con políticas de hechos consumados, ausencia de relevos en los cargos, seudoexpulsiones o dimisiones motivadas por no aceptar las directrices impuestas, etc, etc.

En definitiva, que ante la Semana Santa que se inicia este Viernes de Dolores, nos podemos encontrar con vivencias muy similares a las acontecidas en los últimos años, agravadas mayormente por las inclemencias meteorológicas.

Y luego vendrá el análisis posterior que tampoco variará del presentado en otras ocasiones, pero sin profundizar en las verdaderas causas que motivan esta más que presumible indiferencia de una buena parte de los cofrades.

Termino, si se me permite, con dos invitaciones. La primera referida a todos los cofrades, para que al margen de las situaciones particulares que se viven en el seno de su hermandad, participen en su desfile procesional, pues por encima de cualquier persona está nuestra condición de cristianos, nuestro amor y devoción a Jesús Resucitado y a la Santísima Virgen, Su Madre.

Y a los dirigentes de las cofradías, que si no se ven capaces de afrontar esta situación o si se encuentran cansados, que se vayan para su casa, que se conviertan en un hermano más y que permitan que el relevo generacional se produzca de forma natural, lo que sin duda aportaría sabia nueva a nuestras hermandades y cofradías. No estaría de más, como ya he manifestado en anteriores ocasiones, que se celebrara un Encuentro local de Hermandades de Penitencia, en el que entre todos reflexionásemos sobre la salud de nuestra Semana Santa y empezásemos a poner remedio a este escenario que a ninguno nos gusta.

Feliz Semana Santa y Pascua de Resurrección para todos y cada uno de los cofrades salmantinos.

 

Ángel Hernández Torres----

 

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