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EL DÍA MÁS LARGO DEL AÑO DE SEVILLA
Explicar
en unas líneas qué es la semana santa es sumamente complicado; cada
una tiene sus características propias, forjadas con el paso de los
años. Esa identidad se plasma desde el momento en el que paseamos por
las calles de la ciudad a la que hemos elegido visitar, se percibe en
cada uno de los bares y restaurantes a los que acudimos a reponer
fuerzas, se ve en la decoración de las calles, en el engalanamiento de
balcones y terrazas, se nota en el sentir de sus gentes, en el llanto
y el rezo de las mismas..., en fin, un laberinto de emociones,
sensaciones y sentimientos sumamente complejo. Con esto quiero hacer entender que explicar un acontecimiento como éste es imposible, a cada persona le afloran unos sentimientos y unas sensaciones totalmente diferentes a las de otra; nadie contiene el conocimiento exacto y global de lo que al final es una vivencia personal. Por eso mi idea al respecto es que existen tantas semanas santas como personas participen en este acontecimiento. Con todo lo anteriormente expuesto quiero intentar transmitir qué es y cómo se vive para mi la semana santa, concretamente la sevillana; así mismo quiero hacer hincapié en que todos sentimientos e impresiones que voy a relatar sobre esta mágica semana seguramente diferirán del resto de las personas que la han contemplado y han participado en ella, por lo que todos ellos son míos y por tanto no tienen por qué ser los únicos y verdaderos. Y comienzo diciendo que la semana santa sevillana se huele, se palpa, se contempla, se siente, se reza, se llora, se canta, se gusta… Es la expresión de una religiosidad profunda arraigada y transmitida con el paso de las generaciones de un pueblo tremendamente peculiar, el andaluz. Para el sevillano de a pie esta semana es vida, es fiesta, es identidad, es pasión, también son sentimientos, son creencias, son vivencias únicas y sobre todo son devociones; devociones a la reina de Sevilla, la Esperanza Macarena, al señor de Sevilla, Jesús del Gran Poder, al Dios del pueblo calé, Nuestro Padre Jesús de la Salud, a la reina de Triana, la Esperanza de Triana, a su hijo caído, Jesús de las Tres Caídas, al cristo expirante de Triana, el “Cachorro”… Recuerdo la primera vez que pude viajar a Sevilla en semana santa.
Las
sensaciones que me invadieron al ver la primera de las procesiones
sevillanas no se me han olvidado aun, las Cigarreras en el Arco del
Postigo. Era todo diferente a lo que yo conocía, ¡cuantas horas de mi
vida habría dedicado a ver dvds, navegar por Internet, ver
fotografías, cintas de video y me daba cuenta que todo cambiaba a
poderlo contemplar en primera persona en la calle!. Ya puedes haber charlado horas y horas con personas que ya conocen de primera mano la semana santa Sevillana, que al final no te sirve de nada, te das cuenta que todo es diferente cuando tú formas parte de la misma y te dejas llevar por los sentimientos, las emociones, las imágenes, la música, las saetas que surgen espontáneamente…, todas ellas forman parte de un conglomerado de difícil explicación que te envuelve y te transforma, haciendo que pasen las horas de manera imperceptible y que disfrutes con cada segundo que pasa. Contemplar el paso de Jesús del Gran Poder caminando por la Plaza del Museo y ver como se acerca, mientras se escucha el racheo de las sandalias de los costaleros y una saeta rompe el silencio sepulcral de la noche sevillana, es algo absolutamente indescriptible, que cada uno lo vivirá y sentirá a su manera. Después de esta introducción paso a relatar mis experiencias vividas desde el Jueves Santo hasta la mediodía del Viernes Santo, o como dicen en Sevilla, el día más largo del año. Durante el viaje de ida cientos de pensamientos e ideas agolpaban mi mente, tengo que ver a “Los Caballos” ,(La Exaltación), en su salida, tengo que tener tiempo para ver al Calvario de recogida a su templo, ¿cómo será este año la salida del “gitano”?, ¿lloverá como los últimos años que he ido?, que ganas de ver al rey de Triana por las calles de Sevilla, ¿podré por fin contemplar al cristo expirante de Triana?... y más y mas pensamientos, aunque de todos ellos el que más se repetía era el de “ ya estoy de vuelta, por fin se ha pasado este año, por unas horas podré deleitarme en la calle con todo lo que he estado visionando en cada uno de los videos y los dvds que tengo en mi cuarto”.
Pero
llego a Sevilla en la mañana del Jueves Santo y el maravilloso aroma
de azahar que inunda las calles sevillanas se ve ensombrecido con el
inquietante color del cielo sevillano; de golpe recuerdo lo acontecido
el día anterior en la capital andaluza: la Hermandad de la Sed tiene
que se atreve a realizar la estación de penitencia se ve obligada a
regresar precipitadamente a su templo por la lluvia, San Bernardo
aguanta hasta el último momento para poder salir pero la climatología
lo impide, El Baratillo anuncia la suspensión de la misma casi media
hora antes de su salida, El Buen Fin y La Lanzada piden media hora de
plazo para decidir qué hacer con sus salidas penitenciales pero tienen
que resignarse y quedarse este año en sus templos, El Carmen Doloroso
también anuncia que no sale en medio de un aguacero, la Hermandad del
Cristo de Burgos decide también no salir, Las Siete Palabras contempla
el poder realizar su recorrido en dos horas menos tras contemplar la
posibilidad de un cese de las precipitaciones a partir de las ocho y
media de la tarde pero al final se resigna y decide no salir, y
culminación de esa trágica tarde de Miércoles Santo es la decisión de
Los Panaderos de no poner en la calle sus imágenes, a pesar de que no
llueve a la hora prevista de su salida procesional, al conocer la
Junta de Gobierno de dicha hermandad la certeza de precipitaciones a
partir de las once de la noche. El cielo es inquietante, nubes muy oscuras se suceden con momentos de sol esplendido. Cojo mi mochila y acudo a ver los pasos de la hermandad de las Aguas pero la capilla esta cerrada; desde allí me acerco a la próxima Real de la Carretería a la capilla donde se encuentran los pasos de dicha hermandad; el paso de misterio las Tres Necesidades es imponente, parece increíble que pueda salir por esa puerta y mucho menos revirar hacia la calle Pavía; desde allí decido acudir a ver a la imagen a la que más devoción profeso junto al “gitano” y al Cristo de la Exaltación, el Stmo Cristo de las Tres Caídas, pero a la altura de la Real Maestranza de Sevilla comienza a chispear, cambio la ruta y voy hacia la Magdalena, la cola de gente para ver los pasos de la Quinta Angustia y la Hermandad del Calvario es enorme a pesar de la lluvia y llega hasta la calle Murillo, así que decido entrar en la capilla adyacente de Montserrat. La lluvia ya ha parado y acudo hacia la Basílica del Gran Poder, pero aquí la cola es peor y llega hasta la calle Conde Barajas; entro por un lado a ver a mi gran amigo Antonio, pero la tienda del Gran Poder esta a rebosar y apenas podemos cruzarnos tres palabras; cientos de personas se arremolinan junto al paso del Señor de Sevilla, los comentarios sobre la túnica de cardos son variados, hay de todo, a favor, en contra y otros que les da igual la túnica que lleve porque es el Gran Poder y la túnica es lo de menos, lo importante es poderle ver de nuevo un año más en la calle.
Me acerco a la Basílica de San Lorenzo a ver los pasos del Dulce
Nombre; el palio es una maravilla, tiene la candelería prácticamente
consumida, el manto presenta numerosísimos restos de cera y el exorno
floral del palio considerablemente reducido; son el resultado de la
finalización de una exitosa estación de penitencia; el misterio, como
los llaman en Sevilla, es un auténtico barco, enorme, con una posición
extraña de Jesucristo, de espaldas al público frente a Anás, quien le
interroga junto a otros miembros del Sanedrín ante la presencia de un
soldado romano mientras un sayón le abofetea tras la contestación al
antiguo Sumo Pontífice; desde allí acudo a la Basílica del Valle, el
gentío es impresionante, pregunto y me dicen que hay cola para 35
minutos, me asomo al interior; los pasos del señor y de la señora de
los gitanos aparecen colocados uno en frente del otro, mientras todas
las insignias están dispuestas en un semicírculo por detrás del Señor
de la Salud. A lo lejos veo al hermano mayor Juan Miguel Ortega
Ezpeleta junto a Carmen Tello y Curro Romero, oigo comentarios de la
gente que dicen que la duquesa de Alba está al caer. Comienza a diluviar mientras acudo a Los Terceros para ver los pasos de la Hermandad de la Exaltación; el paso de misterio está esplendido, rosas y claveles rojos decoran el paso, el cristo recién restaurado presenta una imagen magnifica, ha recuperado el tono original de su piel, ya no hay huella del paso del tiempo sobre su policromía; me sigo preguntando cómo es posible que este paso pueda moverse en la calle; según los entendidos es uno de los mejores y más logrados misterios de la semana santa Sevillana. La lluvia ha cesado de nuevo; antes de marcharme pregunto a un miembro de la hermandad por las previsiones meteorológicas, suspira y me dice que puede llover en Sevilla hasta las 9 de la noche, pero que el tiempo tiende a ir mejorando a medida que pase la tarde; le doy las gracias y le deseo suerte. Marcho a comer. Vuelvo a la calle Sol a las dos de la tarde y me colocó enfrente de la puerta de la iglesia de Los Terceros. Por segundo año vuelvo a intentar ver la salida de la Exaltación. Comienza el Llamador de Canal Sur Radio y las primeras noticias son pésimas. Francisco José López de Paz anuncia un 70% de posibilidad de lluvias hasta las cuatro de la tarde, desde entonces hasta el final del día la posibilidad de lluvia desciende hasta terminar con buen tiempo para la madrugá. Comienzan a aparecer nazarenos de la Exaltación mezclados entre la muchedumbre de mujeres con mantilla y hombres con traje, en poco más de media hora la calle Sol esta plagada de gente.
Comienzan los comentarios cuando desde la radio se anuncia que en los
pueblos de los alrededores de Sevilla esta lloviendo y en algunos
casos diluviando; las caras de las personas comienzan a cambiar,
empieza a cundir el desánimo; son las tres menos diez de la tarde y
empieza a chispear en Sevilla; en cinco minutos la lluvia arrecia, la
gente comienza a abandonar las inmediaciones de la iglesia y entran en
los bares de los alrededores En la capilla de la fábrica de tabacos habla el hermano mayor de Las Cigarreras; han pedido una hora de margen al consejo de hermandades para tomar la decisión. Habla su hermano mayor por la radio y ante la tromba de agua que asola Sevilla, se muestra optimista y dice que manejan una hipótesis sobre la posibilidad de que el viento cambie en cualquier momento y se lleven las nubes hacia Cádiz. En la capilla de los Ángeles, sede de la Hermandad de los Negritos el pesimismo es patente; los pasos están encendidos, el Cristo de la Fundación luce un exorno floral precioso, se están dando los últimos retoques al palio y desde megafonía se pide que los nazarenos se vayan colocando ya en sus tramos correspondientes con las insignias y/o cirios que vayan a portar en la procesión. El hermano mayor dice desde megafonía que han solicitado media hora de plazo para tomar la decisión de salir o no, y aunque ha pedido esa media hora en la radio dice públicamente que no cree que puedan efectuar la estación de penitencia. Y son las tres y media y la lluvia continua sin dar tregua, apenas quedan ya 30 personas en las inmediaciones de la iglesia de Los Terceros; a esta hora debería de estar fuera la cruz de guía de La Exaltación; desde dentro de la iglesia se anuncia el retraso pedido de una hora antes de decidir la salida o no de la procesión.
Pero al instante el hermano mayor de la hermandad de Los Negritos
anuncia que no realizarán estación de penitencia a la catedral por las
inclemencias del tiempo, por segundo año consecutivo. Un enorme trueno
retumba en toda Sevilla sirviendo de colofón al anuncio. Un aplauso
cerrado de los hermanos de la Hermandad cierra el anuncio del hermano
mayor de la suspensión de la procesión, y comienzan las lágrimas tanto
dentro de la capilla como en la calle; a mi lado un chico que esperaba
conmigo a la puerta de Los Terceros se marcha entre lágrimas. Antes de
las cuatro menos cuarto la hermandad de Las Cigarreras anuncia que
tampoco efectuarán la estación de penitencia. El viento, como ellos
esperaban que pasara, no ha cambiado de dirección y siguen viniendo
más frentes hacia la capital sevillana desde el cabo de San Vicente..
Comienza a cundir un pesimismo generalizado por el posible efecto dominó que puedan causar estas dos suspensiones para el resto de las hermandades del Jueves Santo. De golpe y aunque aun llueve se vuelve a llenar la calle Sol; son las personas que esperaban en la Avenida de Recaredo la salida de la hermandad de Los Negritos. A las cuatro y media y aunque chispeando solamente en esos momentos, el hermano mayor de La Exaltación anuncia la suspensión de la procesión y el rezo de un Vía Crucis en sustitución de la misma. Por segundo año consecutivo la Exaltación se quedaba en su casa de acogida, (su verdadera sede es Santa Catalina). A los cinco minutos deja de llover en Sevilla y desde la radio se anuncia que el tiempo parece que mejora y que la dirección del viento cambia. Estos son los problemas del Jueves Santo, con límites horarios, al contrario que otros días; la llegada de la madrugada condiciona y mucho las decisiones que se tomen para postergar la salida de una cofradía. Con el Jueves Santo totalmente tocado, y ante la primera salida tímida del sol después de la tormenta que había obligado a suspender las tres primeras procesiones del día, las miradas se centran ahora en la capilla de Montesión en la calle Feria. Continúan las noticias esperanzadoras, el tiempo sigue mejorando, aunque vuelve a llover con cierta intensidad en Sevilla.
Después de reponer fuerzas en un bar cercano a la Campana acudo a las
inmediaciones de la Plaza de Montesión; ha cesado la lluvia y la plaza
esta abarrotada de público. Desde dentro de la capilla se anuncia el
aplazamiento en una hora la salida penitencial. A las seis menos cinco la cruz de guía de la Hermandad de Montesión cruza el dintel de la puerta; ahora el problema de la hermandad es serio porque tiene que llegar a su hora preestablecida a la Campana, de manera que reducen el recorrido y pasan por la calle Conde de Torrijano; tienen que llegar al inicio de la carrera oficial en apenas hora y media. Por esta calle contemplo el desfile procesional; los tramos de nazarenos pasan a toda prisa por delante de mí; pasan quince minutos y el paso de La Oración en el Huerto llega a mi altura; el rostro apático y triste del público se ha tornado en sonrisas y felicidad. El paso de misterio impone; el capataz lo baja a pocos metros de mi; la “levantá” va dedicada a las otras tres hermandades que no han podido procesionar; una gran ovación cierra las palabras del capataz, el paso va al cielo y la Agrupación Musical la Redención comienza a interpretar “Puente de San Bernardo”, el paso se mueve de costero a costero y arranca al son de la música; el gentío es ya inmenso y se suceden los aplausos con cada movimiento del paso, aplausos que se convierten en ovaciones cerradas cuando aparece el palio de la Virgen del Rosario; la calle está volcada totalmente con el paso de la Virgen.
La bulla que se ha formado es terrible, tardo en salir de ella cerca
de 20 minutos. Me llama mi gran amigo Héctor y vemos de nuevo la
procesión por la calle Trajano siguiendo al palio; las calles próximas
a la Plaza del Duque están a rebosar; la hermandad de la Quinta
Angustia pide 30 minutos de plazo para salir en procesión para no
encontrarse con la de Montesión en la Campana. Lo mismo hace la
hermandad del Valle.
Y ahora todas las miradas se centran en la Plaza del Salvador; el Señor de Pasión que tiene que salir a las ocho y diez de la tarde no ha puesto aun la cruz de guía en la calle; la incertidumbre finaliza con el anuncio de la salida pero con un retraso de otra media hora. Las inmediaciones de la iglesia del Salvador llevan repletas de gente desde las siete de la tarde; como me dice un sevillano “hay ganas de volver a ver al señor de Pasión desde su templo originario”. Veo la procesión en la calle Cuna, me acompañan mis amigos Héctor y Manu. El recogimiento y el silencio de la misma es sobrecogedor. Aparece el paso del señor, una auténtica obra maestra de orfebrería con más de 250 Kg. de plata. Camina en silencio, siempre de frente junto a una gran nube de humo del incienso. Miro los rostros del público, están ensimismados. El paso es arriado y una saeta rompe el silencio del momento. Acabada la saeta el Señor de Pasión prosigue su camino, la “levantá es a pulso aliviado”; nadie dice una sola palabra, tan solo miran al señor y dejan escapar alguna lágrima. La marcha del paso del señor por la calle Cuna hace que muchas personas se muevan de sus sitios y acudan a otras calles a contemplar otros desfiles procesionales. Yo en cambio, ya que nunca he podido ver esta procesión por la lluvia me quedo y espero la llegada del palio de la Virgen de la Merced.
Una vez que termina de pasar la procesión decido dar por concluida la
tarde del jueves santo, la Quinta Angustia y El Valle las he podido
contemplar otros años. Ceno algo y me marcho a las once a la calle
Verónica Mateos, empieza la madrugá. Llego a la calle Verónica, son las once y cuarto, quedan aun tres horas para la salida de la hermandad y ya hay muchísima gente ambos lados de la calle, se nota que hermandad es la que va a procesionar. El frío como habían anunciado en la radio por la tarde comienza a hacerse patente. La gente esta sentada en el suelo o en las sillas plegables que han traído consigo. Son las doce y en plaza junto a la Basílica del Valle no cabe ya ni un alfiler. Muchos jóvenes se sientan en grupo y hacen botellones mientras esperan la salida de la procesión, Sevilla es la ciudad de los “canis” y durante esta noche bajan de todos los barrios a ver las procesiones. Hay muchas personas de etnia gitana sentadas en grupos que cantan y bailan. Muchas de esas canciones dedicadas al Señor de la Salud, señor y rey del pueblo “calé”. Los tramos de nazarenos comienzan a formarse al otro lado de la plaza, al mismo tiempo vemos la llegada de los costaleros de ambos pasos. Por la radio se escucha la saeta que cantan cada año a la cruz de guía de la Hermandad del Silencio; los primeros tramos del Señor de Sevilla, El Cristo del Gran Poder ya discurren por las inmediaciones de la plaza de San Lorenzo. En la Resolana el público comienza a disfrutar del paso de misterio de Jesús de la Sentencia y la centuria macarena. Poco antes de las dos de la madrugada aparecen tocando en ordinaria por la calle Verónica la Agrupación Musical Juvenil de la Hermandad de los Gitanos, ya está todo dispuesto; el público aplaude el paso de los pequeños, que maravilla ver como tocan y afinan cuando ninguno de ellos pasa posiblemente de los trece años. El público se muestra nervioso, comienza a haber roces, gente que intenta quitar el sitio a otros que llevan más tiempo, roces que acaban en algunos casos en peleas, el alcohol también favorece estos enganchones, veinticinco en toda la noche según la policía.
Llegan
noticias de la calle Pureza por la radio, la cruz de guía de Triana ya
está en la calle. A los pocos minutos se abren las puertas de la Basílica del Valle, el público ovaciona el paso de la Cruz de Guía de los Gitanos mientras la agrupación juvenil de la hermandad interpreta la marcha “Saeta”; veinte minutos después por la radio se escucha la salida del Stmo. Cristo de las Tres Caídas y casi al mismo tiempo desde dentro de la Basílica del Valle se escucha con total nitidez el llamador del paso del Señor de la Salud. Comienzan los empujones, los nervios, todo el mundo esta en pie y una ovación cerradísima atruena cuando se ve aparecer entre las puertas desde dentro de la Basílica el paso del Señor de la Salud. El “Gitano” enfila la puerta de la basílica cuando Juan Manuel Martín Jiménez capataz del paso arría el paso, parece querer retrasar al máximo la salida del Señor; en la plaza el público esta muy impaciente, voces, canciones, palmas, guitarras…, la calle Verónica se ha convertido en una auténtica fiesta; todo esa algarabía termina cuando el paso enfila el dintel de la puerta y un silencio sepulcral se apodera de la plaza; el paso del señor comienza a asomarse por la puerta, las voces de mando del capataz se oyen con total claridad; unos segundos después la Agrupación Nuestra Señora de los Reyes comienza a interpretar el Himno de España, la gente está totalmente entregada; cuesta mantener el equilibrio debido a los empujones, codazos, pisotones…y esto se acrecienta cuando la agrupación empalma el anterior himno con la marcha “Caminando van por tientos en la Madrugada”; un silencio sepulcral se apodera de la calle Verónica; el paso del Señor de la Salud comienza a revirar muy poquito a poco; apenas se mueve el cíngulo que recorre la túnica del señor, es un bamboleo rítmico, apenas perceptible; da la sensación que quien camina es el señor y no la cuadrilla de costaleros de Juan Manuel Martín; el andar del señor es elegantísimo, con un movimiento de costeros mínimo; en ese momento se desatan las emociones; rezos, llantos, rostros tremendamente emocionados, miradas clavadas en el Señor. Es un momento con una enorme carga sentimental y emocional muy difícil de describir. Termina la marcha y el paso alarga un poquito más el paso; Juanma arría el paso justo delante de nuestra posición. Multitud de aplausos; “la levantá” va dedicada por un bebé de apenas 12 meses que ha fallecido, sus padres presentes en ese momento no pueden contener las lagrimas; el propio Juanma se queda sin voz al mocionarse él también y el “A esta es” tiene que decirla el hijo del capataz.
Y se
marcha el Señor muy lentamente con la marcha “Gitano de Sevilla” que
se unirá a continuación con la marcha “Cristo de los Faroles” al final
de la calle Verónica. Cientos de personas de la plaza abandonan sus sitios y entran en la calle para situarse detrás del paso del Señor, otros se van a verlo en otra calle cercana y los menos permanecen a ver la salida de la “Virgen de las Angustias” o como se conoce popularmente “la gitana guapa”. Yo que ya he visto otras dos salidas de la procesión me marcho también y me coloco junto a mi amigo Héctor en la revirá de Laraña-Orfila. Al poco rato aparece ante nosotros la cruz de guía del Silencio. El silencio, como recibe el nombre la hermandad, es absoluto. ¡Que hermandad tan sobria y tan elegante!. Las saetillas musicales que interpretan las dos capillas musicales que van delante de ambos pasos nos envuelven en una atmósfera de un profundo recogimiento. El señor y el palio de la virgen de la Concepción pasan rápido y tan pronto como ha pasado el último de los nazarenos aparece la cruz de guía de la Hermandad de los Gitanos por el cruce de Laraña con Orfila; viene sin la agrupación que abre el cortejo procesional por respeto a la Hermandad del Silencio. Los diputados de tramo se apresuran en ir colocando hasta en filas de cuatro a los nazarenos, ya que tienen que dejar sitio a la Hermandad de la Macarena que pasará mas tarde y también a la de Triana mientras entra pasa por la Campana. Al fondo se escuchan los sones de la banda de Carmen de Salteras acompañando al palio de la Macarena mientras entra en Campana; trae un retraso de casi media hora.
A los pocos minutos aparece el Señor de la Salud de nuevo ante
nosotros que es recibido con una saeta desde un balcón próximo. La
revirá hacia la calle Orfila es majestuosa, se suceden las marchas
“Caridad del Guadalquivir”, “Cristo de los Faroles” y “Al Compás de la
Laguna”; el señor apenas va revirando, es imperceptible su movimiento
y su giro para encarar la calle Orfila; es una estampa bellísima, de
las más buscadas por las cámaras y las miradas de la gente. El público
está ensimismado y justo en el momento en que rompe la marcha “Caridad
del Guadalquivir” el señor alarga el paso y empieza la calle Orfila;
la ovación es tremenda. Es increíble como camina este paso, es
prácticamente perfecto en cada uno de sus movimientos. Una vez ha pasado el señor nos acercamos a las vallas que delimitan el paso al público en la Campana, pero a través de una de ellas conseguimos colarnos y ver la entrada en la Carrera Oficial del paso del Stmo Cristo de las Tres Caídas; a sones de la marcha Pureza el paso del señor hace ponerse en pie a la Campana, el público está entregado a los sones de la banda de cornetas de las Tres Caídas y al caminar del paso de misterio, con sus populares izquierdazos de las hermandades de Triana; en ese momento pienso la que se puede organizar en su barrio a la entrada del paso. Desde allí acudimos a ver al Señor del Gran Poder que viene de recogida ya a su templo. Lo alcanzamos en la mágica Plaza del Museo. Cómo se escucha el racheo de los costaleros mientras se acerca el Señor de Sevilla; nunca se para, siempre de frente con un paso característico de este paso, que parece que en vez de caminar da zancadas. La voz grave y solemne de los Villanueva rompe el silencio del momento; “pararse ahí”. El paso del señor es arriado. Apenas permanece en tierra; tres golpes de llamador y el paso se levanta al cielo; “bueno, venga de frente” el paso comienza de nuevo a andar. La estampa del momento es magnífica, preciosa, sublime; el Gran Poder recorre la Plaza mezclándose entre las hojas de los árboles que dividen la misma. Apenas hay tiempo para contemplarlo; pasa fugaz, el tiempo justo para que cada uno de los fieles pueda rezarle y éste calme cada uno de los corazones de los mismos, mientras los consuela con su mirada de profundo amor. Las primeras luces de la mañana comienzan a percibirse mientras acudimos a ver a la última de las hermandades de ruán negro, la última de las hermandades de silencio de la madrugá.
Posiblemente sea la gran desconocida para los turistas, pero la
procesión es de una belleza plástica extraordinaria. El paso del
“Stmo Cristo del Calvario” por el Arco del Postigo es sobrecogedor; el
público además no muy numeroso en esos momentos le da un cariz muchos
más solemne e íntimo. Los únicos pero es el tremendo frío reinante,
hasta tal punto que muchas personas están tapadas con mantas y el
tremendo retraso que acumula la procesión debido al retraso causado
por el paso de la Hermandad de la Macarena por la Campana. No esperamos el paso del palio de la Virgen de la Presentación, la mañana se nos echa encima y todavía tenemos que ir a ver a la Reina de Sevilla. Nos la encontramos por la calle Cuna; allí la reciben con una petalá inmensa; no cesan de lanzarla más y más pétalos de rosas. La “bulla” que trae el palio de la Macarena es impresionante, además el corte de la procesión a la altura del paso favorece la misma. El público no para de lanzarla piropos; el andar del palio es majestuoso, seguramente sea el mejor de Sevilla; la mecida que imprimen los costaleros al palio es tan suave que el vaivén rítmico de las bambalinas se hace bellísimo, al igual que ella; como bien saben quienes me conocen soy Trianero hasta la medula, pero me rindo a las evidencias y el paso del palio de la Macarena le produce un pellizquito en el corazón a cualquiera que lo contemple. Yo estoy ensimismado viéndolo, mientras la Banda de Música de Carmen de Salteras interpreta los sones de la marcha “Pasa la Macarena”; y que genial capataz lleva ese paso. El palio se va acercando poco a poco hasta que no lejos de nuestra posición es arriado. La levantá es impresionante. Tal es la cantidad de pétalos que lleva el techo del palio que se saltan del mismo al levantar el paso.
Y la
bellísima Esperanza Macarena pasa a nuestra altura. Héctor se ha ido a
verla de cerca y se ha metido en la bulla, yo que llevo ya muchísima
tralla encima prefiero contemplarla desde un lado de la calle. La
gente sonríe al paso de la virgen mientras alguna lágrima aflora de
sus ojos; el sentimiento es generalizado, por fin la hemos visto, a
nuestra señora, a nuestra reina y ella nos ha escuchado nuestras
súplicas, nos ha reconfortado con su mirada, nos ha tendido su mano…,
en fin miles y miles de sentimientos diferentes. Cuando la veo en la calle es cuando llego a entender todo lo que me dicen una y otra vez mis amigos Ángel y Javier: “Lito, es la señora y la reina de Sevilla”. El problema es que una vez que se ha ido vuelvo a pensar que la reina es la Trianera…. Por último, y aunque yo ya he podido verlo en otras madrugadas, vamos en búsqueda del misterio de la Sentencia. Héctor quiere verlo y nos lo encontramos en la calle San Juan de la Palma. Si de plasticidad y detalles estamos hablando cuando valoramos un misterio, éste se lleva el premio. Es la perfección de un misterio con un, además, muy peculiar estilo de caminar, con muchísimos costeros, a sones de la Centuria Macarena. Impactante la imagen de ver el misterio de la Sentencia con las plumas de los cascos romanos al fondo de la Centuria Macarena. El Cristo es bellísimo con una mirada de perdón y amor que sobrecoge a quien le contempla.
Acabamos
la madrugá en la República independiente de Triana, como dicen los
propios trianeros; Triana es puente y aparte, con esta afirmación se
puede definir el sentir, la forma de vivir, de entender la semana
santa de un barrio; tantos años siendo un arrabal de la capital
sevillana, tantos siglos teniendo que cruzar en barco el Guadalquivir
que el barrio adquirió una personalidad propia, diferente
completamente al de los barrios sevillanos del centro. El río por lo tanto fue vehículo de unión y separación al mismo tiempo para los trianeros. Así solamente se puede entender ese concepto de nacionalidad de sus gentes, quienes a la pregunta, ¿donde vives? te contestan en Triana; quienes cuando tienen que ir al centro de la capital andaluza dicen: “Me voy a Sevilla”. Las hermandades también han vivido esta separación histórica y ha repercutido en que éstas adoran los excesos. Pues bien cruzamos el puente de Isabel II y llegamos a Triana. Unas 50 personas han vallado los laterales de la calle Pureza junto a la Capilla de los Marineros y duermen en sacos de dormir; es increíble, personas que ven la salida y duermen en el mismo lugar para poder ver la entrada. Elegimos un lugar en la parte derecha de la calle a unos quince metros de la puerta de la Capilla de los Marineros. Pero es muy temprano, son las nueve menos diez y la cruz de guía debe llegar a la capilla a las doce menos cuarto de la mañana.
El
cansancio se va haciendo patente, en algún momento me quedo dormido; y
pasan las horas, al menos el frío ha desaparecido y los rayos del sol
calientan la calle Pureza. Por fin a las once y media aparece por la esquina de la calle Vázquez de Leca la Banda de Cornetas y Tambores de San Juan Evangelista. Miro a mi alrededor, la calle esta plagada de gente, no cabe nadie, al fondo de la calle más allá de la Capilla de los Marineros las personas están colocadas casi hasta el final de la misma calle Pureza, por la izquierda según viene la procesión hay un embotellamiento causado por los cientos de personas que intentan colocarse lo más adelante posible; la policía intenta abrir camino pero apenas lo consigue. Las personas aplauden con el paso de la banda filial de Las Tres Caídas. Se suceden las marchas: Emmanuel, Bulería de San Román, María Santísima del Rocío, Medea. Los jóvenes de la banda vienen en un mar de lágrimas y la emoción se transmite al gentío que espera impaciente el paso de la procesión. Una sonora ovación recibe en el dintel de la puerta a la Cruz de Guía de la Hermandad y comienzan a entrar los tramos de nazarenos del Señor de las Tres Caídas, así hasta nueve. De repente aparecen los ciriales del paso de misterio, Son las doce y veinte; el revuelo del público se transmite por toda la calle, aplausos, sonrisas, abrazos…ya llega el Señor. Entra en la calle Pureza a los sones de Medea, el público empuja, se mueve, todo por conseguir la mejor perspectiva del paso de misterio para ver como se va acercando.
La
banda de las Tres Caídas se está saliendo, y el paso del señor tiene
entregadas a cada una de las personas que agolpan la calle Pureza. Se
suceden las marchas, “Al cielo el rey de Triana”, “Pureza”, “Caído vas
por Triana”, “María Santísima del Rocío”…; a cada marcha se arría el
paso. Así lentamente se va aproximando “El Caballo de Triana”. La
cuadrilla del genial Paco Ceballos esta volcando al barrio de Triana,
izquierdazos, cambios en el paso, costeros, pasos atrás…; la
culminación de este fervor y este sentimiento generalizado es el
momento en que el paso es arriado como comúnmente se conoce como “ el
serrucho” y es levantado al golpe de tambor a los sones de “Al Cielo
el Rey de Triana”, llega a nuestra altura y lo vuelve a arriar; la
gente no deja de echarle piropos, se suceden los “olés”, el público
esta hipnotizado completamente a esta explosión de música, color y
movimientos; las emociones se precipitan y cuando el paso vuelve a ser
levantado y se dedica la “levantá” al barrio de Triana, las lágrimas
acaban por hacer también mella en mi, y comienzo a llorar envuelto por
un mar de sensaciones, emociones y sentimientos; miro el rostro al
Señor de las Tres Caídas y acabo de derrumbarme; parece increíble que
alguien pudiera esculpir una imagen tan bella, con una mirada tan
desgarradora, parece que a pesar de su sufrimiento no guarda ningún
rencor hacia aquellos que le están martirizando en esos momentos… si
hay alguna imagen que muestre la verdadera imagen de cristo es éste.
Completamente emocionado veo como el paso del señor se aleja hacia la puerta de la Capilla de los Marineros; y al señor caído le dedican una saeta justo antes de revirar el paso para poderlo meter hasta el próximo año de nuevo. La gente se seca las lágrimas, y una cerrada ovación acompaña la entrada del Cristo de las Tres Caídas a los sones de la Marcha Real; cuando parece que ya ha entrado el paso del señor vuelven a sacarlo a la calle, a su gente, a su barrio hasta dos veces más lo que levanta las pasiones y los vivas hacia el Santísimo Cristo de las Tres Caídas, al barrio, a los costaleros del paso; una persona cierra esa fiesta con un “Esto es Triana”. Son la una menos cinco. La gente ya espera impaciente el paso de la señora, de la reina de Triana. Se hace esperar, el calor se hace sofocante y no paran de pasar tramos de nazarenos, así hasta que a las dos y cinco aparece el palio de la Esperanza de Triana. Como sucede con la Macarena en Sevilla, la Esperanza de Triana encoge el corazón de todos los trianeros y todos los sevillanos. No cesan de lanzarle piropos y oles, “ole la trianera guapa” dicen. La virgen pasa mucho más rápido que el paso del señor a sones de “Callejuelas de la O”, “Esperanza de Triana Coronada” y muchas más. Las gentes del barrio están totalmente emocionadas; es su virgen, es su señora y es quien les escucha cada una de sus plegarias. El momento estelar es el canto al unísono de la Salve Marinera de los costaleros del palio junto a todos los trianeros que contemplan la procesión. Otra saeta despide a la imagen de la Esperanza de Triana que entra en su templo con tres vivas: “Viva la Esperanza de Triana”, “Viva la Señora de Sevilla y de Triana”, “y Viva le pese a quien le pese”; una tremenda ovación cierra la entrada del palio en su templo.
Los devotos de la imagen no pueden contener las lágrimas y emocionados
contemplan la ya cerrada puerta de la Capilla de los Marineros.
Son las dos y media y tras cruzar veinte minutos el puente de Isabel II, finaliza de esta manera la noche mágica de la semana santa sevillana, el día más largo, que se inicia con las visitas a los templos durante la mañana del Jueves Santo y concluye con la entrada de las Hermandades de Triana, Los Gitanos y la Macarena.
Ángel Delgado------ Cofrade Semana Santa------
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