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Hermandad del Santísimo Cristo de la Liberación |
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. -El Cristo de la Liberación marcó la tristeza y el luto de la Semana Santa más castellana Ángel Benito 22-03-08 |
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No pasaba media hora del Sábado Santo cuando empezaron a sonar los primeros tambores que marcaban la muerte del Nazareno. Desde la cuesta de San Blas, los turistas se apostaban buscando la mejor posición mientras que los espectadores más habituales llevaban desde las doce esperando la salida del Cristo de la Liberación. En el fondo de Fonseca tan sólo se escuchan los golpes de un tímido tambor que marca los lentos pasos de la treintena de hermanos de carga que portan la figura del Yacente, que habitualmente se venera en el cementerio de San Carlos Borromeo. El luto charro representado en los vestidos de las mujeres junto a su lento caminar se acompaña tan sólo del toque de campana que anuncia que el Yacente sale de Fonseca. Sin marchas, la imagen sale escoltada tan sólo por las voces del coro La Stigia, que una vez concluida su interpretación se incorporan al desfile procesional. Con el último escalón, suena el réquiem. Las miradas de respeto se multiplican entre los espectadores y el silencio que imprime el cortejo fúnebre se contagia en la bajada por la Cuesta de San Blas. La soledad de la subida de Cervantes se ve amparada por los fieles que a la salida de La Soledad van a la búsqueda del Yacente. Sin pasar por la Plaza Mayor, recorre las calles más oscuras del casco antiguo para llevar el luto y el réquiem por la muerte de Jesús a todos los rincones bañados por la piedra de Villamayor.
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_____REPORTAJE GRÁFICO____________________________________ |
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