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Desde
una hora antes de la salida del Santísimo Cristo del Amor y la Paz y María
Nuestra Madre, a las 20:30 horas, cientos de fieles salmantinos se
acercaban hasta la iglesia de la Santísima Trinidad del Arrabal.
Mientras, la Banda de
Música del Amor y la Paz y la Agrupación Musical de la Real Cofradía del
Cristo Yacente afinaban sus instrumentos esperando que el gran momento
llegara.
Un cuarto de hora antes
de la salida, el Hermano Mayor de la Hermandad, Rodolfo Pinto, aseguraba
que estaba “muy tranquilo porque el trabajo de todo un año había tenido su
respuesta”.
Así, a las 20:30 horas,
con una puntualidad inglesa, se abrían las puertas de la iglesia para ver
desfilar a los hermanos ataviados con túnica, capucha y escapulario de
color blanco y una soga de esparto haciendo las veces de cíngulo.
Los niños empezaban a
asomar por la puerta ante el murmullo de los que allí esperaban. Detrás,
los hermanos que cargaban, como acto de penitencia, con cruces de madera.
El momento había
llegado. Al grito de “¡Cristo al cielo!”, los hermanos elevan el paso a
una mano entre aplausos. Empezaban a aparecer las primeras lágrimas. Poco
después, aparecía la imagen de María Nuestra Madre, cargada por las
mujeres de la Hermandad.
El recorrido dejó vistas
únicas de las imágenes, como el paso por un abarrotado Puente Romano con
la Catedral de fondo. En ese momento, todos miraban al cielo ante la caída
de una fina lluvia que no tendría consecuencias. Después, con gran
sobriedad, se vivía uno de los momentos más importantes: la subida por la
calle Tentenecio, donde esperaban cientos de salmantinos y visitantes.
La emoción se palpaba en
cada paso; en cada movimiento; en cada uno de los hermanos. Pero, entre
aplausos al esfuerzo, las imágenes llegaban hasta la Catedral Nueva,
escenario en el que se vivía otro de los momentos de más emoción. En el
atrio de la misma tenían lugar el acto de penitencia y la suelta de
palomas, donde la mayoría de los feligreses no pudo contener las lágrimas.
La penitencia y la devoción por su Cristo del Amor y la Paz y de María
Nuestra Madre pudo con la lluvia y el frío. |